jueves, 12 de abril de 2012

MANDAS TU...

- Mandas tú, me dijiste.
Y mi mente empezó a cavilar al tiempo que se me escapaba una leve sonrisa; suficiente como para que, conociéndome como me conocías, preguntaras
- ¿Que se está pasando por esa cabecita?
- Nada cielo.
- ¿Nada? Que ya nos conocemos, ¿qué estás pensando?
- En serio, nada
Era verdad, no me había dado tiempo a pensar nada, simplemente, mi mente había visto un semáforo en verde que hacía que diera rienda suelta a mi imaginación.
Mandas tú, mandas tú... ¿Qué podía hacerte?
Cada vez era mas difícil pillarte de sorpresa, y más esta vez que con esa media sonrisa te había puesto sobreaviso.
- Vamos a tomar algo y luego ya veremos...
Mi mente intentaba buscar una nueva forma de provocación, pero no debía ser mi día, porque mi cabeza, habitualmente rápida, no daba con ninguna fantasía que poner en marcha.
Efectivamente estuvimos tomando algo, primero unos vinos y algo de picoteo, luego una copa, tras la cual volvimos casa. 
Mientras conducías pensaba que ocurriría al llegar, pero todo lo que se me pasaba por la mente era demasiado clásico.
Nata, esposas, antifaz...
De repente, se me ocurrió una idea.
- Coge el camino de la derecha, -te dije cuando casi estabas en el-, quiero enseñarte una cosa.
Giras rápidamente pero, al dejar la carretera, disminuyes bruscamente la marcha y mirándome preguntas a donde nos dirigimos.
- Sigue mas adelante
- ¿No me vas a decir a donde vamos?
- A enseñarte un sitio nuevo.
La noche es cerrada pero la luna llena ilumina lo necesario a campo abierto como estamos.
El camino comienza a estar muy mal debido al desuso, por lo que decidimos continuar a pie.
Mis tacones, excesivos para este tipo de paseo, me obligan a agarrarme a ti.
A lo lejos ves una especie de casita medio derruida.
Me miras extrañado.
- ¿Es ahí donde vamos?
Sin decir nada continuamos andando.
Tropiezo y, si no fuera porque voy agarrada a ti, probablemente me habría caído.
- Estás loca, al final te vas a hacer daño, ¿no me vas a decir a donde vamos?
Casi estamos llegando a la casita; el camino hace un recodo que lleva a la parte delantera de la pequeña vivienda.
Al llegar ves unos bancos de piedra a ambos lados de la puerta principal y un tercero mas alejado.
Varias higueras sirvieron en el pasado para dar sombra a lo que parece ser el antiguo patio de la vivienda.
La puerta esta tirada dejando ver como la vegetación se ha hecho con parte de la casa.
Me miras.
- ¿No pensaras entrar ahí?
- No, de noche no.
Te digo sonriendo. Ya sabes que por mi cabeza ha pasado la idea de volver de día.
Te guió hacia el banco mas alejado y me siento.
Es entonces cuando percibes el sonido del agua.
El banco esta situado junto a un pequeño riachuelo.
Te sientas junto a mí.
- Mira, con el cielo tan claro se ven todas las estrellas.

Miramos al cielo ensimismados, tranquilos, relajados, tanto que la relajación casi se apodera de mí y me desvía de la finalidad de estar aquí, hacer realidad tus palabras.
- Mandas tu.
Mmmm.
Te lo recuerdo.
- ¿No decías que hoy mandaba yo?
- Claro, por eso estamos aquí ¿no?
Agarro tu mano haciendo un gesto para que te levantes y te pongas frente a mí.
Comienzo a sacar tu camisa del pantalón, acariciando tu pecho y besando suavemente tu vientre.
Mis manos se acercan peligrosamente a tus pezones, al principio acariciándolos, hasta que un pellizco te hace soltar un pequeño grito.
Cuando tus manos agarran mi cabeza, uniéndome más a tu cuerpo, me suelto bruscamente.
- No, hoy mando yo.
Te empujo lo suficiente como para que des un par de pasos atrás y, a pesar de la oscuridad de la noche, intuyas mis movimientos.
Elevo el culo del banco y bajo mi culotte, luego, despacio, mientras una de mis manos acaricia suavemente mi sexo, la otra acaba de bajar la ropa interior hasta hacerla desaparecer en el fondo de mi bolso.
Das un paso al frente, excitado por la idea de comprobar con tus propias manos la humedad que ya se ha de estar apoderando de mí; sin embargo, te hago parar y continuo acariciándome. Ahora que tengo ambas manos libres, llevo la otra a mi pecho, que comienza a asomar por los botones de la blusa.
Permaneces depie frente a mi, observándome tranquilo; de cuando en cuando tu mano acaricia tu polla sobre el pantalón.
Te miro a los ojos, intentando ver en la oscuridad tu gesto.
Imagino que es de deseo, de excitación, pero nada me lo indica.
En cambio tú, por el cambio en el ritmo de mi respiración sabes que estoy, cada vez, más excitada.
La blusa ya no esta unida por ningún botón y, de alguna manera he conseguido hacer desaparecer mi sostén.
Mis pechos, redondeados y duros por la excitación reclaman tus caricias.
Mi sexo húmedo e inflamado va dejando ver un clítoris prominente que no dejo de acariciar. Cierro los ojos de cuando en cuando, Te deseo, pero decido continuar.
Mando yo.
Y quiero ver hasta donde eres capaz de seguir el juego.
Das un paso al frente, pero, inmediatamente vuelves a la posición original. Tu también deseas saber hasta donde estoy dispuesta a llegar, mientras piensas en todas las veces que has deseado ver como me masturbaba para ti, y cuantas veces te lo he negado. Ahora que lo tienes, es en la oscuridad de la noche y no te permite percibir del todo mis gestos. Quizás por eso, cada uno de los sonidos que emite mi boca se clava en ti consiguiendo un poco mas de erección en tu polla.
Mi respiración entrecortada, la redondez de mis pechos, la rigidez de mis piernas, te hace intuir que estoy próxima al orgasmo, pero, de pronto, bajo el ritmo volviendo a pausadas caricias superficiales.
No dejo de observar tus gestos.
Tiendo la mano que acaricia mi pecho hacia ti.
Me desafías.
- Tu has empezado, termina tu.
- Mando yo, y quiero que termines tu. Hunde aquí tu boca.
Sin pensártelo dos veces te acercas y colocándote en cuclillas frente a mi, comienzas a acercar tu boca poco a poco a mi entrepierna subiendo desde la rodilla.
Me recuesto todo lo que puedo en el banco ofreciéndote mi sexo.
Tus manos han de agarrarse a mis muslos para no perder el equilibrio lo que me obliga a ser yo misma la que acaricio mis pechos con una brusquedad que solo permite mi estado de excitación.
Por unos segundos sueltas una mano para pellizcar uno de mis pezones, lo que hace que eleve mis caderas buscando que hundas mas tu cabeza en mi.
Sabes que ya no me conformo con tu boca y tus dedos empiezan a hundirse dentro de mi.
Mis gemidos, la elevación de mis caderas, como suelto una de mis manos llevándola a tu cabeza presionándola contra mi. Ahora gritos, ambas manos en tu cabeza, la fuerza no te permite moverte. Soy yo la que restriego mi sexo contra tu cara gritándote que sigas.
Mis caderas se muestran rígidas, sientes como los músculos palpitan al tiempo que tu cara se ve impregnada de mi orgasmo.
Relajo mis manos, relajo mis piernas; poco a poco te permito salir de tu "prisión"
Llevo tu cara a mi boca, besándote y lamiendo suavemente la comisura de tus labios.
- Me encanta cuando mandas tu, me dices
Seguiré mandando cuando lleguemos a casa, pero lo haré a cuatro patas.



POR UTOPICA