jueves, 3 de octubre de 2013

UN "TÍMIDO" TRUHAN 3 por Látigo

PARTE 2: http://complicidadpersuasiva.blogspot.com.es/2013/07/un-timido-truhan-2-por-utopica.html



Hacía ya largo rato, antes del pequeño desliz penalizado por tu parte como "falta personal", que trabajaba tu cuerpo con obsesivo afán. Siempre has sido un "electrón libre", pero muy apegado a tu órbita -especialmente cuando se te mete en la cabeza quedarte en ella- y me constaba que, para que se produjese ese cambio al nivel de energía que desencadenaría "el chispazo" -a esa onda a la que yo te quería conducir-, debía currármelo mucho... sobre todo si para ello sólo podía usar mis inocentes manos aplicadas en los territorios menos... "salvajes" de tu piel. 

"Te haré el amor con mi mente".

Eso fue lo que te dije y ahora era esclavo de mis palabras. No bastó que embadurnara concienzuda y cariñosamente tu pie con abundante crema tibia en una caricia... para apretarlo de repente con firmeza entre mis dedos y sentir el crujir cansado de tus tendones y huesos que, sinceramente, sonó mejor que un "aleluya", acompañada del suspiro sorprendido y grato de su dueña como soprano principal.

-¡Aaaaaayyy! ¡Uuuufff!
-¡Vaya, vaya! ¡Parece que están cansados! ¡Tu trabajo te machaca los pies, nena! ¡Espera...!


Tras el primer dulcísimo apretón de entrante, vino un masaje con ambas manos -no muy suave pero tampoco fuerte- recorriendo tu planta y empeine. Lo hice como quien torsiona un pan por la mitad para partirlo, girando cada una hacia un lado distinto. Forcé los dedos hacia arriba con la izquierda pasando con medida presión la derecha por la planta curvada y tensa. De nuevo sonó algún leve chasquido interior que -nena, lo sé- te provocó un escalofrío de placer.

-¡Ahora -susurré- al contrario!. -¡En efecto, con la diestra forcé tus dedos hacia abajo curvando aún más la delicada curva plantar, y presioné el empeine desde los nudillos hacia el tobillo. De nuevo experimenté el leve crujir quejumbroso de tus tendones necesitados de un poco de cariño.

Fui subiendo, tras meter entre tus deditos cada uno de los míos abriéndote entera (un símbolo, un presagio: "abriéndote"... mmmmm)  por tu pierna, amasando los gemelos y dibujando la forma del músculo. Vaciando, siempre vaciando -como si tuviese un exquisito tubo de crema de tersa piel y divinas formas- hacia arriba; hacia la ingle. Amasando el tejido muscular, acariciando las corvas con precaución si había alguna venilla... y de ahí al muslo. ¡Te escucho respirar acompasadamente, con los ojos cerrados! ¡Ya sé que esperas que me acerque a su cara interna para "sacarme la tarjeta amarilla"...! ¡Pero no te doy oportunidad! ¡Cuando adivino que estás pensando si castigar mi atrevimiento con una llamada de advertencia, me retiro cual caracol retira sus cuernecillos a la primera gota de lluvia...(ja,ja,ja)!. Sin embargo, adentrándome por las laderas de tu espalda, viendo el franco abierto  cuando subiste tus brazos para apoyar tu cara en ellos, mordí tan grato anzuelo y no tardé en recibir tu reprimenda.

 - Ehhhh, ese es terreno prohibido querido!!!! 

Imaginé tu sonrisa perversa. ¡Lo estabas deseando!. Te morías de ganas de demostrarme que va a ser un camino lleno de espinas. ¡No me importó!. Siempre he pensado que, tras el duro y espinoso tallo, la rosa guarda sus pétalos de aterciopelado y encendido rojo... ¡y el dulcísimo aroma de su oculto pistilo!.


Precisamente para llegar a tu pistilo sin abrir tus hojas, bella y espinosa rosa, me fui de tiendas una semana antes contigo en la mente. ¡No estaba seguro de que nuestro encuentro amistoso acabase en nada, ni yo lo forzaría, por supuesto (sabes que nunca lo fuerzo), pero un tímido truhán debe venir preparado, por lo que de él se pudiera esperar...

Seguro que, cuando dejé momentáneamente de masajearte, al oírme trastear dentro de mi bolsa, pensaste... "¡a ver qué busca que te busca el loco este...!".

¿Pudiste imaginarme, entonces, sonriendo maliciosamente como tú lo hiciste antes pero con mucha más malicia?.


LÁTIGO


Pero en cuanto sentí algo que vibraba rozando mi cadera supe que el amigo con el que había comido Al-Andalus la semana anterior eras tú. 
El diminuto vibrador (pedidos a al-Andalus por 15,95€) comenzó a recorrer mi cuerpo de manera disimulada, a pesar de mi protesta...


- Nino, ¿tu quieres cobrar no?

- ¿Porque? Me has permitido un masaje y no hago más que eso, solo que ahora me ayudo con un aparatito.

- Eso no estaba en el trato Pedro, y lo sabes.
- Ni lo habías dejado fuera del trato, Lolita, y también lo sabes. ¿Te vas a asustar porque este minúsculo aparatito roce tu piel?

- No, asustarme no es la palabra.

- Pues entonces dejare llevar.
Me deje llevar, no porque me hiciera gracia el juego, sabia que te daría ventaja, pero no dejarme también te la habría dado, a si que, callé, apreté mís músculos y te deje hacer.

Pero... Joder, hacías tan bien...

Intuí que habías probado el efecto del juguetito sobre tu propio cuerpo porque sabías bien donde aplicar la fuerza, donde pasarlo suavemente, donde hacerlo que simplemente rozase mi cuerpo...

Sobre mis caderas ejercías presión, y la vibración llegaba a mi sexo, excitándolo a pesar de mis escuerzos por que eso no ocurriera. Subiste por mi espalda rozando apenas mi piel, consiguiendo que se me pusiera de gallina.


Supe que habías sonreído al verlo, era un pequeño triunfo para ti.
Acariciaste mis costados presionando suavemente de forma que mis pezones, sobre la arena, rozaban levemente con esta endureciéndose.
Esos puntos son los que recuerdo yo, pero no podía pensar como para, pasado el tiempo recordarlo con detalle, quizás tu te acuerdes mejor y, sin duda, serás mas capaz de describir los efectos que notabas en mi cuerpo ante tu jueguecito....
Yo solo se que, mi compostura, hasta ahora guardada, se perdió sutilmente. No se si eso lo notaste....
UTÓPICA


Látigo, querido, la pelota vuelve a estar en tu tejado.
¿Cómo continuarás?