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miércoles, 8 de febrero de 2012

MIA SERA LA VENGANZA PARTE V FINAL por Látigo continuación de LADY NUDOS

- ¿No te gustan los choquitos fritos “amore”...? –pregunté con ironía mientras mordisqueaba una de las tiras de aquel primo lejano del archiconocido calamar, pero de carne más blanca y jugosa. Estos deliciosos animalitos son oriundos de Huelva y por eso por ahí se nos conoce como “choqueros”.

Muy ricos... –exclamas mirándome seriamente. Percibo tus sentimientos. Por un lado estás caliente... me deseas... ¡o mejor dicho, deseas que esa especie de “medio-placer” algo enfermizo... sea liberado; que se manifieste y poder disfrutar primero... y descansar después. Por el otro me estás empezando a odiar, por que me obstino molestamente en ir en contra de ese devenir natural y lógico. Piensas algo parecido a que tengo en mis manos el volante de un bólido de muchos cilindros y aún más caballos y, en vez de darle salida a toda la potencia y disfrutar los dos como potros al galope, lo tengo toda la tarde casi al ralentí..., a punto de calarse. ¡Si supieras, amor, lo que deseo, sin embargo, meter la marcha, apretar el acelerador hasta el fondo... y escapar contigo desatando todo tu poderío... quemando neumáticos hacia el lejano horizonte: el orgasmo más brutal que podamos conseguir. ¡UUUAAAUUUU!.

¡Tienes razon... al pensar –probablemente- así... pero lo que yo intento contigo es llegar a un punto en el que realmente esa potencia explote fuera de todo control a costa de contenerla... por pura y urgente necesidad! ¡Quiero llevarte al punto de la explosión ciega...! Quiero ser el modulador... o mejor: el liberador, de todo ese fuego que arde en tus entrañas y que te hace serdiferente a muchas otras mujeres. ¡Quiero que ardas de la pasión pura... y, de paso, que me consumas a mi en la deflagación como a una pavesa... ¡a riesgo, eso sí... de quemar el motor para siempre y que me mandes a paseo!.

Después de la tienda, fuimos camino del restaurante y, a mitad de camino, te arrastré suavemente a un portal. ¿Sería ahí donde, tras besarte apasionadamente, tras arremangarte la fina tela negra del largo vestido, entraría en ti desesperado, a la vista de posibles vecinos, tras el hueco de aquella escalera? ¡No! ¡No fue ahí! ¡Ahí fue donde metí la otra bolita en tu ya hinchado sexo y le coloqué una pesita extra de 10gr... a la argollita que quedaba fuera!. Quince gramos colgando un poco por encima de tus rodillas y dos bolas que chocaban en tu interior al caminar... y una dama encantadora a punto de asesinar a su “partenaire”, sin saber si sentirse “cachonda”, o ridícula.

Decido llevarte a un precioso pub que hay al lado del mar. Te traigo una copa y te abrazo. Tengo que prometerte que la espera merecerá la pena. Tengo que decirte cuánto te deseo, ¡cuánto placer quiero darte! ¡Necesito que me creas! ¡Necesito que tu motor no se enfríe! ¡Tenemos una carrera que afrontar...! ¡La meta será la locura...! ¡Créeme!

Me suplicas ya que haga contigo lo que tenga que hacer, por que comienzas a sentirte estúpida y yo me esfuerzo en requebrarte al oído, ¡en que el roce de mis labios en el lóbulo de tu oreja, en tu nuca, te queme como lava...!. ¡Nunca a nadie le recité como a ti entonces...! ¡A ninguna me atreví –tímido tal cuál soy- a decirle nunca las picardías que a tí te dije...! ¡Nunca a nadie hice sentir a sus espaldas un aliento más abrasador, una erección más brutal, una calentura más grande...! ¡Lo necesito nena...! ¡Necesito tener a raya todos tus caballos hasta que tu motor esté en su punto óptimo de temperatura..., por que aún te voy a apretar más las tuercas y ya me la estoy jugando!

Otro rincón oscuro, otra pesita... tras dos oportunas copas de una buena bebida... la noche avanza y el pub comienza a animarse. Está cerca el verano y la gente desea salir y disfrutar de la noche al lado del mar. Pronto será verano y aquellos lares se convertirán, cada noche, en un valle “seminal”... con el aire repleto de hormonas y una pequeña orgía repartida en cada duna de aquellas playas.

¡Ah... viva el amor...!

Comienzas a estar “chispa”... ¡y yo!. Las tres copitas que llevamos en el cuerpo, la música y la atmósfera de aquel chiringo te sientan bien y ayudan a mi propósito. Tengo suerte de que, en vez de aburrirte y enfriarte, estés cada vez más caliente y comiences a tomar la iniciativa. Has pensado que si yo me empeño en no ir más allá,  me vas a empujar a base de ponerme hirviendo como la pita de una olla.

Comienzas a tocarme cada vez con más lascivia. ¡A llevar la batuta de nuestra sinfonía! ¡No puedes más... necesitas alcanzar el clímax o relajarte de una vez... y vas a hacerlo aunque sea arrastrándome a una de las dunas más cercanas para fo-llar-me de una vez por todas! ¡Eso si... piensas que después no querrás volver a verme ni en pintura!

Pero, amada mía... esta es una estrategia de mentes... de poderes, y tú estas ahora en el nivel que necesito.

- ¡Baila para mi...!. ¡Por favor...! –te suplico.– Necesito que vayamos a la pista y que me pongas tan caliente  que me lleves al borde de la locura –suspiro.- ¡Necesito ver como contoneas tus caderas, e imaginar lo que sientes con lo que tienes dentro de tu sexo. Imaginar la calentura que experimentas moviéndote como una serpiente con ese peso extraño balanceándose entre tus piernas!.

Decides hacerlo..., ¡generosamente!: otra me habría mandado ya a la mierda... pero tú eres especial. No te asusta jugar al límite... siempre estás dispuesta a ir un poco más alla.. No eres de las que te tiras al pozo en plan suicida, pero no te da miedo sentarte sobre el brocal. ¡Te adoro por ello!

Bailas como Lilith bailaba cada noche ante Adán delante de mí. Miras mi –“paquete” abultado que da miedo. Me penetras con tus ojos ardiendo como ascuas... –¡Fóllame ya...!  -me estás diciendo a gritos sin mover los labios. -¡FÓ-LLA-ME- YA, CABRÓN!.

Me pego a tí. La pista se ha llenado. Te abrazo por la espalda y te aprieto contra mi erección. Tu contoneas tu culo llevándome casi al orgasmo. Das un gritito de sorpresa y placer cuando sientes como un pequeño vibrador escondido en mi mano hace contacto en tu bajo vientre... sube por tu estómago... recorre tus senos, llega a tus pezones. La gente comienza a mirarnos. El artefacto no se ve, pero nuestra actitud llama la atención. Hay caras de indiferencia, desaprobación, curiosidad divertida y algunas hasta de excitación. ¡Pues os fastidiáis...! ¡Hoy no estáis invitados a esta fiesta!

Voy a por dos chupitos... ¡LA ÚLTIMA COPA...!. ¡Y después...!

¿Piensas que mi capacidad de sorprenderte y de hacer que me quieras estrangular ha llegado a su límite?. ¡Que equivocada, preciosa!. Casi sentí los puñales clavados en la espalda cuando te traje de la mano hacia una de las esquinas de la pista y, en uno de los postes de la estructura que cubría el chiringuito, enganché otro de los latiguillos de nylon con un candadito... el otro extremo lo uní al hilo que circundaba tu cintura. ¡Vamos... como quien dice... te até al poste!

- ¡Tu usaste cuerdas para tenerme a tu merced...! ¿Te acuerdas? ¡Yo usaré el hilo de una araña...!. No tardaré mucho.

Te hago esperar unos cinco o seis minutos amarrada a un poste sin que te puedas escapar a menos que cortes el hilo o te hagas daño en la piel. ¡Así me vengo de aquellas deliciosas cuerdas que me ataron a mi a mi propio y dulce tormento en el pasado! ¡Mis lazos son transparentes y leves, pero muy fuertes!. Mis cuerdas son distintas de las tuyas... son más Utópicas que reales... pero pueden dejar más marcas.

Nos hemos bebido la última copa, nos hemos montado en el coche y te he llevado al mirador que hay entre El Portil y El Rompido. Dos localidades costeras de Huelva. A unos treinta metros de altura sobre el mar pasa una carretera que une ambas localidades con Huelva y hay un apeadero con espacio para aparcar unos diez coches frente a una barandilla de forja, tras la cuál, si te asomas, verás el mar y una isla (más bien un banco de arena) en forma de flecha asomando a la superficie como si se tratase de un barco.


Te hago salir del coche. Estamos debajo de una farola. No pasan muchos autos y lo hacen deprisa. Nos podrían ver, pero... ¡me importa ya un carajo que lo hagan, y a ti... también!. ¡Más morbo!

Nos asomamos a la barandilla. El panorama es precioso. La luna llena riela sobre el mar y arranca esquirlas de plata. Yo me pego contra tu trasero respingón y levanto tu vestido desde atrás. Por primera vez tengo un buen y tranquilo panorama de tu precioso culo y las pesitas colgando de tu linda vulva, hinchadita... y algo entreabierta. Aromas especiados a hembra acuden a mi rostro en un mareante “coupage” de mixturas que me excita hasta el límite. Debajo de tu falda huele a mujer, a perfume, a sexo y yo aspiro ese olor como el más convencido de los enólogos saborearía el olor del vino más caro del mundo.

Mmmmm..... aaaaaah.

-¿Ya te has llenado la nariz...? ¿Te gusta el manjar que guardo aquí para ti, pesao? ¿Pues añádele la zanahoria... y hagamos un guiso... cabrón! ¡Que me tienes ya “mu quemá”...!

- ¡Abre un poco las piernas... antes de que te haga llegar al cielo, bombón!...

Una a una voy colgando todas las pesas de la arandelita, entre caricias dedicadas a todo tu coño primero y largos lametones después. Ahora estás por fin suspirando... para después gemir. Cuando me apetece pongo en marcha el mini-vibrador y lo acerco a una u otra de las pesas... 135 gr tirando de las bolitas hacia fuera hacen que la vibración se propague por el hilo y llegue amortiguada hacia tu ser. Tu sexo se relaja y comienza a abrirse.

Te hago que pongas una de tus piernas sobre el parachoques del coche con la falda arremangada, me coloco debajo tuya y empiezo a ofrecerte el cunnilingus más morboso de cuantos te hayan practicado nunca... (o por lo menos uno de los más raros). Tu vagina se entreabre y se cierra como si boquerara un pez... no consigo llevarte al punto que quiero... necesitas no sólo recibir placer para ponerte cachonda del todo... ¡tu necesitas darlo amor mío!

Descorro mi correa y bajo mi bragueta. Llevo tu mano a mi poya... ¡no necesitas que la invitación vaya a más...! Está a tope y parece gritar de rabia salvaje cuando se ve libre del pantalón, apareciendo ante tus ojos brillante y casi tumefacta, a punto de explotar. Podría ser una buena fruta para ser comida... ¡si fuese una fruta, claro!. A ti no te importa que no lo sea... cuando, sin preámbulos, abres la boca y la insertas en ella, “arreando” un terrible chupetón que está a punto de provocarme una inmediata eyaculación.

- ¡UUUUUuuuuuuuf!

Te afanas en hacer que mi hombría llegue casi hasta la luna. ¡Por dios que casi lo consigues! Mi excitación te lleva un escalón más alto en la tuya... lo noto por que me doy cuenta de que vas haciendo pausas y dirigiendo la mirada de reojo a tu entrepierna. Lo que tienes en ella te está provocando placer por que sientes como la vulva se te abre entera a causa del peso: quiere expulsar esos elementos extraños en ella... y tiene hambre de “otra cosa”. ¡Por fin estás a punto...!

Con tu pierna en alto, sobre el parachoques nuevamente, me vuelvo a colocar debajo tuya y aplico el vibrador directamente sobre tu clítoris, mientras con la lengua acaricio los labios menores y bufo de gusto. Tú me aprietas la cabeza contra tu sexo que chorrea dejando surcos por la cara interior de tus muslos y me regala todo su olor como la más carnal y hermosa flor del Pecado. Noto estertores. ¡Veo algo blanco que, acompasadamente junto con tus gritos asoma queriendo salir... pero sin atreverse todavía...! ¡Ahora salgo... ahora no... ahora sí...! ¡HUY..., casi...!

-¡Empújalo ya... coño...! ¡Empuja con todas tus fuerzas...!

Das un largo alarido de gusto y salen las dos pelotas en una explosión líquida que casi no provocan en mí dos cosas esa noche:

a)     Un ojo morado al impactar como extraños proyectiles en mi cara...
b)     Que no me ahogue con algo que no sé que sería... si orina,  fluido o ambos entremezclados... pero que a mí me supo como el agua de mar cuando sales de la playa un día de verano... ¡SALADA, pero A GLORIA BENDITA!

Creo que alcanzaste un intensísimo orgasmo... un muy necesario orgasmo que te estuvo rondando muy tímidamente casi toda la tarde y noche, ofreciéndote promesas de llegar a más... pero quedándose muuuuy por debajo del placer que podría hacerte experimentar. ¡Ya era hora!, ¿a que sí?. Por fin cerraste tu mente... y abriste tus piernas...  desdiciéndote de una de tus máximas preferidas:

Cada día tengo la mente más abierta y las piernas más cerradas

¡Un parto placentero!. Lo malo es que yo me he quedado con “aquello” más tieso que el banderín de un “corner”... pero por lo que veo en esos ojos oscuros y brillantes, tu placer no te va a dejar desaprovechar una buena erección..., rodeados como estamos de tanta belleza natural.

¡Cuidado, amigos... la gata anda suelta y a mí me encanta sentirme ratón...!

 .

viernes, 27 de enero de 2012

MIA SERA LA VENGANZA PARTE IV POR LÁTIGO

Mía será la venganza. IV.


(prometo que será la penúltima entrega, o si no... sería un texto demasiado largo para leerlo de un tirón).

Tarde de primavera. Niños que vuelven del colegio. Madres apresuradas a poner el almuerzo. Hace algo de calor pero corre fresco en esa coqueta terraza de aquel pueblo costero. ¡Todo es tan bucólico, tan relajado...!

Pero tu me miras intentando comprenderme! ¡Intentando decidir si soy un fiasco o un jugador prometedor en este gran juego de mentes y cuerpos... ¡nuestro juego!

¡Se detectar en tus grandes ojos, brillantes, un cúmulo de sensaciones enfrentadas!. Por un lado sientes ese objeto extraño.. inexplicable aún para ti, alojado en tus carnes. Es algo extraño que te mantiene excitada... que te recuerda tu sexo mientras comes tu tardía tostada con mermelada y tu buen café. ¡Quieres que esa especie de débil placer mórbido vaya en aumento y me miras fijamente mientras hablo y bromeo contigo animadamente!. Mantienes el tipo. Sigues mi juego. Conversamos como si ese regusto suave no estuviese ahí... como si no sintieses la pequeña esfera ubicada en tus dulcísimas entrañas.

Por otro lado... cuando te mueves, sientes la otra bolita como algo extraño, inoportuno... algo que no debería tener lugar bajo tu falda, de tamaño lo suficientemente largo como para que nadie... que no seamos tu y yo, sepamos lo que está aconteciendo entre tus muslos. ¡Ja, ja, jaaa, yo la elegí!.

¡Es agotador estar tanto tiempo en el umbral de la excitación, pero sin poder traspasarlo para alcanzar el cenit que, aunque no quieras demostrarlo, anhelas ya!

Mi pasividad comienza a incomodarte. Estas por la labor de sacarte “el invento” y mandarme a paseo. Entre el deseo... y “el cabreo”. ¡Me gusta! ¡Pero creo que llevas ya mucho tiempo aguantando ese pequeño castigo! ¡Un placer prolongado en exceso... conturba!

Pago la cuenta y te pido al oído que vayamos en dirección a los baños. Hay un pasillito que da a las puertas de los servicios de chico y chica. Antes de entrar en ellos, te atraigo hacia mi... y te beso. Supongo que pensarás “ya era hora de que hiciera algo”. Siento que no estás cómoda con la situación. ¡Parece que no se escoger el momento...!. Nos pueden descubrir y la vergüenza será mucha... ¡pero no te preocupes!. ¡No será ahora!. Sólo es que he comprendido que tu sexo necesita algo de descanso... te sacaré la pelotita... pero seguirás siendo prisionera de mis deseos.

¿Te acuerdas que llevabas un “cinturón” de fino naylon? ¿Te fijaste en que en el hilo que separaba ambas pelotas había una pequeña arandela a la mitad? Es para lo que estás a punto de descubrir...

-¡Te voy a sacar eso...! ¡Estarás ya un poco harta!

¡Durante el tiempo que está durando nuestro beso he tenido entre mis manos ―inadvertidamente para ti― otro latiguillo de unos 10 cm. Casi sin que te des cuenta, lejos de liberarte de tu improvisado cinturón, he abierto el minúsculo candado que lo cierra y he metido una de las argollitas. La otra la he unido a la arandelita que está entre ambas bolitas con otro pequeño candadito. Como consecuencia, cuando extraigo lo que tienes en tu sexo, ambas quedan sujetas a tu cintura, colgando entre tus piernas.

Nos vamos del bar. Tu bromeas sobre mi salud mental. Yo te digo que ya sabes lo que es tener “un par de pelotas”. Las llevas metidas en la braguita para que no te estorben.

El café está cerca de  la playa cogiendo por un ameno camino entre dunas. Aún hay poca gente. Se puede pasear por la arena... te puedo acariciar, te puedo apretar contra mi cuerpo, puedo apretar tus nalgas... puedo palpar el peculiar “paquete” que llevas en tu ropa interior... no quiero que tu sexo desaparezca de tu pensamiento. ¡quiero que lo tengas presente mientras andamos, mientras charlamos... mientras te toco!.

Entre charla, paseo y visita a las tiendas del pueblo se ha hecho algo tarde: la hora de la cena. Te he comprado un vestido que te ha gustado. Entré contigo en el probador. La dependienta no dijo nada. Supuso que éramos pareja y es normal que me pidas opinión. Delante del espejo te despojaste de tu ropa, quedándote en bragas.

-¡Mirate en el espejo! –te ordené firme, pero suavemente. Te tomé desde atrás y acaricié tu pecho. Nuestras miradas se buscan y se encuentran en el frío cristal. ¡Sabes interpretarla! ¡Ésta te dice que llega otra vez el momento de jugar a mi extraño juego!

La ropa estaba a tus pies. Tus piernas se separan instintivamente mientras mis dedos se deslizan bajo el elástico de la pequeña braguita. Siento calor... y humedad. ¿Pensaste que follaríamos en ese instante? ¿No es una locura, en una pequeña tienda y con la dependienta tan cerca separada por una cortinilla?. Pero después de tanta espera... ¡ya apenas te importa eso!.

-Será uno de estos polvos rápidos con la cara casi aplastada frente al espejo –piensas, pero te confundes. Puediste ver como mojaba mis dedos en tu boca... y los llevaba a tu entrepierna... para lubricarla. La acaricié suavemente sin dejar de mirarte abrasadoramente, besando tu nuca, cuello y orejas, magreando tus senos con la otra mano. De nuevo algo esférico atravesó tus carnes, suavemente pero sin concesiones. Puediste ver –con cierta incredulidad- lo graciosa que quedaba la pelotita suspendida entre tus lozanos muslos... lo que no te esperaste es que sacara otro latiguillo y otro candadito del bolsillo.; ese nuevo hilo tenía en el otro extremo la más pequeña de las pesas... la de cinco gramos. ¡En menos que cantaría un gallo, eras testigo de cómo colgaba éste peso de la argollita que estaba anudada entre la bolita que tienes adentro de nuevo  y la que se balanceaba fuera, graciosamente .

Cinco gramos no son mucho, pero ahora no sólo experimentas ese obstáculo –la bola- que impide que tu vulva se cierre y se relaje... sino que además hay una extraña aunque leve sensación de “tensión”... ¡No te da por pensar que esa fuerza extra te obligará a hacer un esfuerzo con los músculos de la vagina para que la bolita no se salga!. Si no estuvieses turbada,  te relajarías y la bolita no escaparía de tu precioso coño... por que el peso a sujetar no es gran cosa...!. Sin embargo, instintivamente estás cerrando los labios inferiores para que eso no pase... ¡aunque parezca absurdo... es así!

¿Qué importaría que “eso” acabase por salirse...? ¡Y sin embargo no te estás dando cuenta de que estás apretando para que eso no pase! ¡Es una reacción instintiva! ¡Lo sé, por que yo la he experimentado en el pasado...!

-Te prometo que valdrá la pena, cielo. ¡Sigue jugando conmigo...! –susurro en tu oído mientras acaricio tu cítoris.

Sales con tu nuevo vestido puesto... ajustado, negro, felino... y lo suficientemente largo como para que nadie descubra nuestro secreto. Te parece que la dependienta te mira raro... ¡sientes como si la negra tela.. y hasta la carne de tu pubis de hubiesen hecho transparente... y todos vieran lo que cuelga maliciosamente de tu sexo sin bragas...!

¡Por instinto... cierras los labios de tu sexo...! ¡Te lo dije...! ¡Mi venganza tiene mucho que ver con tu lema: más de lo que crees, corazón mío!

¡Cierras tus piernas... pero de momento tu mente también está cerrada... a cal y canto! ¿Es que no te das cuenta aún?

¡Hemos de llegar más lejos...!

Látigo



martes, 17 de enero de 2012

MIA SERA LA VENGANZA PARTE III por Látigo CONTINUACION DE LADY NUDOS





Primavera... de esas que se asemejan más a un suave verano. La habitación del hotel da hacia el mar. La luz pasa, tamizada por los visillos, y dibuja las líneas de un cuerpo de mujer... que dormita al lado de un afortunado caballero. Ella, abandonada al sueño. Su rostro relajado. Él... observándola, rozando su piel como si quisiera recordarla durante mucho tiempo después de que marchase de nuevo; guardando en la memoria hasta su olor, su visión, su tacto.

¡Soy ese afortunado!

Llegó ayer desde tierras “de secano”. Nos saludamos nuevamente, nos dijimos todo cuanto teníamos que decirnos, nos contamos cosas sobre nuestros queridos amigos comunes y sobre la vida cotidiana de cada uno, comimos, salimos, nos divertimos... en ocasiones, hicimos el amor y en ocasiones... ¡hasta follamos!

¡Mirada al reloj!. ¡Tardísimo!. Decido despertar al ángel que no tarda en convertirse en diablillo. Cariños, caricias, besos. El paraíso en un cuarto de 4x4.

¡Ese diablillo... eres tú!

Te propongo salir a “desayunar tardísimo” (je, je)... o a comer... o ambas cosas. Pasearemos por este pueblecito costero. Haremos fotos... ¡y aunque tú no lo sepas aún... me vengaré de ti!.

Te comienzas a vestir. Suben las delicadas braguitas por la suave piel de tus piernas y te miro complacido pero -mientras- he abierto el cajón de mi mesilla y he sacado la brida de nylon más larga y un diminuto candado. Me acerco a ti por tu espalda mientras, mirándote al espejo, te pones tu precioso sujetador... y con un rápido movimiento que te deja sorprendida circundo tu cintura con él. Las pequeñas anillas de teflón de cada extremo del cable se encuentran una con otra delante de tu bajo vientre... y con un rápido movimiento de la mano derecha, engarzo el candadito y lo cierro.

- Pero... ¿qué  haces? –preguntas genuinamente sorprendida.
- ¿Te acuerdas de aquella vez que me ataste... para dejarme abandonado en las fauces de nuestra querida Reina? ¿Te acuerdas de cómo apretabas los nudos para hacerme sentir tu control? ¿Te acuerdas de cómo disfrutaste mientras ella, literalmente... me merendaba?
-Me acuerdo de los gritos de gusto que dabas –ironizas con sorna y una disimulada, pero creciente inquietud. El paso de la romántica escena en la que se representa a una pareja que acaban de entregarse el uno al otro con amor, con caricias, con besos... a esta nueva obra, en la que el escenario se ha vuelto más oscuro e incierto, en la que esos mismos ojos han abandonado la ternura y ahora te observan brillantes, fijos... perversamente a través del espejo, te ha cogido realmente por sorpresa.
-Bueno... pues de esta manera, te acabo de atar, de someter a mi control...
-¿Con esta cuerdecita? –ries- ¡Amos, anda!.
-Es nylon. Es un hilo finito, sí, pero te cortarías la piel antes de romperlo si tirases de él con tu cuerpo. ¡No lo hagas!. Tiene una sección suficiente para que necesites algo cortante... o la llave del candado.
-¡Bueno...! ¡No me tienes presa para nada...! ¡Todas las mujeres llevamos alguna lima o tijerita... o algo en el neceser! ¡Vaya cosa! ¡Sin embargo yo te até a ti como a una res...!
-¡Yo te he atado simbólicamente, cielo! ¡Ya se que si tu quisieras te liberarías de este lazo que, sin que tu lo sepas, te va a someter a mi voluntad... pero los nudos con los que me inmovilizaste a mí eran también simbólicos... por que si te lo hubiese pedido en serio, me habrías terminado por soltar...!
-¿Tú crees? ¡No lo se, muchacho!
-¡Si tu no quieres entrar en mi juego, eres libre de decírmelo, o de pararlo cuando quieras! ¡Yo, por mi parte, te prometo que no te haré daño físico... o moral! ¡No me aprovecharé del control que tú me vas a ofrecer sobre ti, ni te arrepentirás de someterte a mi deseo!

Sabes que dirás que sí. No eres de esas mujeres a las que no les gusta jugar. Siempre tienes curiosidad y confías en mí... aunque aún queda ese resquicio de... desconfianza. Te parece raro lo que te acabo de hacer. No te habrías sorprendido tanto si te hubiese esposado a la cama de repente... ni si te hubieses despertado atada, pero... ¡esto es cuanto menos... “curioso”!
-¡Este sedal a partir de ahora, para ti, es como si fuese un fino alambre de acero... e incluso como una de tus cuerdas, amor. ¿Me dejas que te siga sorprendiendo? –te susurro. Lo que no sabrás nunca es que me llegué aplantar usar hilo metálico... pero, al fin, pensé que no era necesario llegar a tanto.

Te beso. Mi mano abarca uno de tus senos y sientes el calor y la ligera presión. No estabas en este momento muy por la labor de juegos raros, pero... ¡que caramba!. De nuevo tus piernas están cerradas... pero tu mente se abre y sientes curiosidad.

-¡A ver qué me haces... que estoy sin desayunar...!

Los besos suben en intensidad. Las caricias son más y más audaces. La mano de tu compañero –este que escribe- se abre camino hacia tu sexo. Imaginas que todo o una parte del plan va a ser follar con ese extraño “cinturón” puesto. ¡Vaya chorrada!... aunque... ¡bueno!... un buen polvo no es una mala manera de comenzar un día. ¡Parece que el plan te va gustando... aunque sea un poco estrambótico!.

En este punto de tus reflexiones... yo me he dejado caer de rodillas. Me conoces y sabes que me encanta el cunilingus... y lo glotón que me vuelvo. “¡Parece que va a haber monumental comida de coño... jajaja”, piensas. ¡Y aciertas!. De momento: grato, pero nada sorprendente. Suspiras con creciente placer y echas la cabeza atrás. No te esperas que entre tus húmedos labios... “inferiores”, que ya empiezan a estar entreabiertos, sientas de improviso pasar un objeto.
-¡Un dildo! –piensas en un primer reflejo, pero el objeto –que transita por la entrada de tu vagina, abriendo notoriamente los músculos de la entrada y provocándote un suave espasmo de gusto- es corto. La sensación ha sido como la de un huevo o algo esférico.
-¡Qué me metes..., ladrón! ¡Tu estás un poco loco! ¿No? –dices y te quedas patidifusa tras ver por el espejo como de tu coñito cuelga una pelotita blanca como la bola de un arbolito de navidad. Del otro extremo del corto hilo (10 cm), dentro de tu delicioso ser, sientes alojada la otra. -¡Esto no es serio!
-Vistámonos. –propongo con una sonrisa malévola.- ¡Tengo hambre! ¿Tu no?
-¡Este hombre... siempre está hambriento! –murmuras un poco mosca cuando, ya vestida, sales por la puerta detrás de mí, que voy algo más adelantado. La habitación queda entonces en silencio.

Látigo


miércoles, 11 de enero de 2012

Mía será la venganza. Parte 2. (Aunque os parecerá una entrega de "Bricomanía", os aviso ;-) ) por Látigo

- Mmmm (pensé para mis adentros cuando entré en aquella tienda de trastos viejos y vi aquel gastado estuche de madera conteniendo esas pequeñas pesas de calibración)-¡pesas... pesas...! –os juro que en ese instante y de forma inconsciente me vino cono un rápido destello el lema que tantas veces he visto durante deliciosas sesiones de charla electrónica “para el sexo cada día tengo la mente más abierta y las piernas más cerradas”. ¡Y... como todo en esta vida es cuestión “de peso” -la moralidad de los más ultrareligiosos, la virtud de la mayor de las pacatas, la honra del más honrado de los políticos, la homofobia del más hetero de los heteros... etc, etc- se me ocurrió lo siguiente...! ¿Cuál es el “peso” para que mi querida “Nuditos” abra esas lindas piernas... pero lo que se dice... “en sentido literal”?

 

Supongo que no me explico aún lo suficiente... pero ya lo iremos comprendiendo. ¡Paciencia...!

 

El juego de pesas estaba tirado por los suelos. Acto seguido, tras una visita a una ferretería, me hice de algunas cuantas... “cosillas”. ¡A saber!.

 

-Un rollo de hilo de naylon para pescar (de 1 mm de sección)

-Un cortauñas.

-Cuatro candados muy pequeños y uno más grande.

-Algunas argollas de teflón de 1 cm de diámetro

-Un pequeño vibrador, que evidentemente no compré en la ferretería del Juanillo.. y no por que no lo tenga ¡quién sabe!

-Dos pelotas de ping pong o similar.

-Una chocolatina.

 

Una vez en casa, corté un trozo de tanza de unos 55 cm y le anudé una argolla en cada extremo;  posteriormente, cuatro o cinco de 10 cm a cada uno de los cuales le anudé a cada extremo su correspondiente argolla.. ¡pero sólo una, pues en el extremo contrario até una pesa a cada hilo!. Para probar los nudos sostuve cada una de las cinco pesas de su argollita correspondiente y éstas colgaron como si de un péndulo se tratase. Escogí una de 5 gr, y otras de 10, 20  y 100. Una vez probadas, enrollé los hilos delicadamente alrededor de cada pesita y las guardé aparte en una bolsita de tela. El último preparativo fue un trozo más de tanza de 35cm al que le anudé una argollita en ambos extremos y el cual guardé también enrollándolo, con todo lo demás.

 

Fase 2ª del plan concluida. La fase siguiente consistiría en ponerme en contacto con mi “marinera” para que se buscase un fin de semana en el que pudiese desembarazarse de obligaciones y hacer una visita al dulce sur. Pronto llegará el buen tiempo a esta parte de la costa... ¡no hay prisa...!

 

Bueno! ¡Seguiría... pero son las “tantonas” de la madrugada y estoy empezando a ver las letras dobles en la pantalla de mi portátil! ¡Ya me lo dijo mi médico... “acostúmbrate a dormir a horas normales... o te vas a volver majara”... y un poco “majara” si que estoy... sí! ¡Ah... por cierto: la chocolatina tan sólo es para comérmela! ¡Las “dulces venganzas”... para ser alimentadas, necesitan algunas calorías! ;-)

Látigo.

sábado, 7 de enero de 2012

MÍA SERÁ LA VENGANZA por Látigo

PARTE I.- CONTESTACION A LADY NUDOS


           Cuando mi tigre de Bengala sació su hambre de lujuria con mis humildes carnes, quedé tan para el arrastre que las piernas me temblaron durante un par de días y las agujetas llenaron mi cuerpo de pinchazos. ¡Sí... agujetas!.

¿Sabéis lo que es que semejante mujer te tenga atado como un cervatillo para su uso y disfrute exclusivo sin que te puedas defender ni controlar la situación...? ¡Es la más dulce de las "muertes" soñada por algunos... pero también el más atroz de los dulces castigos soñados por las mentes más dulcemente perversas...!

Es por eso por lo que me prometí a mí mismo hacértelo pagar... querida Lady Nudos. Pero tenía que ser una venganza deliciosa y suave, ya que el castigo recibido para con mi persona era más un premio que otra cosa... (¡ay, Reina de las morerías... un recuerdo para tí!).

Lo fui considerando un buen tiempo. ¿Qué podría ser lo suficientemente refinado para mi querida Utópica? ¿Qué podría cavilar que no se quedase en un tosco ejercicio de sexo/porno/erotismo trasnochado? ¿Qué podría tener ese halo necesario y merecido de... perversidad, de “morbo” puro, sin entrar en historias de tríos, grupos, cuerdas (¿para la reina de las cuerdas? ¡Ja! )... ejercicios eróticos más o menos calenturientos o alardes sexuales rayanos en la pornografía?. ¡Ah... y todo ello sin entrar en usos de estética mas... “siniestra ”, que no serían del gusto de ladestinataria de esta, pequeña, elegante, delicada venganza!

Dice el lema que a ella le gusta usar en sus escritos e intervenciones, en sus foros y blogs... “para el sexo tengo cada vez la mente más abierta... y las piernas más cerradas”. Pues bien, amigos míos... ella mismo lo ha escogido sin saberlo. ¡Será una venganza simbólica! ¡Sí señor..! ¡Una venganza que atacará un plano psicológico de la sexualidad de Utópica!. Ja, ja..... mmmmmm. Una venganza para que cierre las piernas (je, je)

¿Con que te gusta atar a tus afortunadas “víctimas” y sentir que tienes el dominio y el control de la situación eh?. ¿Y... cuántos metros de cuerda necesitas para eso..?.

Hoy, sin esperármelo, he visto algo que ha activado un resorte perverso de mi mente... y que me ha dado la idea. ¡Pero eso lo contaré en otra entrega... por que tengo algo de hambre y me voy a hacer un bocadillo...!

¡Ni que decir tiene que ella puede estar tranquila! ¡Nada de dolor, humillación, ni nada que ella no esté dispuesta a admitir! ¡Una venganza de piernas cerradas y mente abierta...! ¡Ja, ja, ja...!. En esa imagen tenéis una pista.

Látigo.


Sistema de pesas para calibrar
balanzas.


domingo, 25 de diciembre de 2011

LADY NUDOS






¿Lady nudos? ¿Lady nudos? Este mote te costará caro, aunque aún no lo sepas.

Según entras por la puerta, y casi sin mediar palabra, mientras te beso, voy desabrochado tu camisa despacio, mirándote a los ojos, sonriendo con maldad; una maldad que aún no has aprendido a detectar pero que consideras producto de la impaciencia del deseo.
Me agacho frente a ti, mmmmm, tu pecho descubierto, asomando entre tu camisa, visto desde esta altura casi es capaz de trastocar mis planes y conseguir que me aparte de mi objetivo, pero, de repente vienen a mi cabeza, de nuevo, tus palabras, “lady nudos”….. Esas palabras retumbaban en mi memoria y me hacen volver a mi objetivo.
Desabrocho tus pantalones, despacio, sin parar de mirarte, se que mi calma empieza a desesperarte.
Buscas mis labios, mi boca, pero ni siquiera me arrimo a ti.
La distancia solo acrecienta tu deseo, y tu deseo solo acrecienta mi sed de venganza.
Vuelvo a arrodillarme frente a ti para desnudarte del todo.
Una vez te tengo como quería, agarro tu mano y te llevo, despacio, hacia la cama.
Te tumbo sobre ella y por primera vez, una de mis cuerdas hace su aparición.
La distancia empieza a desesperarte, deseas sentir contacto. El calor de mi piel, la humedad de mis besos…
Sentada junto a ti, la cuerda roza tu cuerpo y hace que se erice tu piel, notas como algo desea alcanzar la luna, tu mano se encamina a el borde de la cama, ya sabes lo que deseo de ti.
La ausencia de ropa interior hace que sientas la dureza de mis pezones sobre tu pecho, mueves tu cabeza buscando besarlos, pero te lo impido en un movimiento brusco.
Llevas tu otra mano para que pueda atártela, me siento sobre ti, arañándote suavemente el pecho, te sientes indefenso y excitado, y a punto de alcanzar la luna que buscabas.
A cuatro patas camino hacia atrás sobre la cama mientras mis ojos no se apartan de los tuyos.
Según luego confesarías, en ese momento te sentiste como un filete.
Elevas la cabeza para observar mis movimientos mientras sonríes nervioso.
Habías oído hablar de mi mente retorcida, pero ahora, estando a mi merced, piensas que era real.
Comienzo ha atarte los pies, con los mismos movimientos calmados; cuando estas completamente inmóvil me pongo frente a ti, ligeramente abierta de piernas, observando mi obra.
Los movimientos sobre la cama han hecho que mi falda se suba, mostrándote ligeramente mi entrepierna.
- Miedo me das gata…
- ¿Y que hago yo ahora contigo?
- Ahora fóllame.
- Noooo, querido, no es para esta fiera este manjar.
Me encamino hacia la puerta, crees que me voy a ir, dejándote atado y abandonado; gritas desesperado.
- No, no te vayas ahora, si me tienes en la mesa, con cubiertos y todo, ahora has de comerme.
La puerta se abre.
- No, no te vayas, ya me has convencido que hay cabronas y luego estas tu, no me dejes así,
Me vuelvo, mirando la desesperación en tu rostro, sin duda la mente es muy poderosa y mi fama me ha precedido.
- Tranquilo, te gustará.
Hago un gesto y tras la puerta aparece ella, con un corsé, medias de liguero y tacones.
- Querida Reinamora, te debía un regalito, aquí lo tienes, disfruta de él.
Reina sonríe maliciosa, dispuesta a disfrutar del manjar a mesa puesta.
Me acerco a tu oido, y casi en un susurro te digo.
- ¿Tenías miedo de esta fiera?, pues cuidado con “el tigre de Bengala”, pero si no ha acabado contigo la gripe del 17, no creo que lo consiga ella querido Látigo.


Me retiro de la cama y observo como “el tigre de Bengala” comienza a devorar a la pieza cazada especialmente para ella.
Eso, querido Látigo, forma parte de nuestra complicidad, yo cazo, ella devora a la presa, y yo disfruto observando como se sacia de ti.