martes, 8 de octubre de 2013

A TU LADO Paco01



Ciento cuarenta pulsaciones resonaban en sus tímpanos, estaba desconcertantemente excitada y una sensación de presión y calor recorrían su frente, cada terminación nerviosa descargaba en cada centímetro de su piel. Su respiración era involuntariamente entrecortada y un coctel de emociones contradictorias bombardeaban su mente provocando rabia e ira hacia si misma. Su cuerpo se enfrentaba a su mente y su mente se negaba a aceptar lo que de antemano sabía que sería inevitablemente una derrota que cada vez más deseada...

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No recordaba en concreto cual fue el detonante, un artículo de prensa... quizás un reportaje de periodismo de investigación... quizás un frase perdida en una conversación ajena. De cualquier forma, una noche se encontró ante el anónimo rectángulo de pixeles de su portátil fisgoneando en el mundo swinger. Una página lleva a otra y esta a otra y esta última a otra que menciona un blog que enlaza con un relato que le lleva a un foro y unos cuantos clic más tarde estaba registrado y chateando, acomodado sobre el sillón de la incertidumbre, el temor y la prudencia que le otorgaba la ignorancia y el desconocimiento.
Ella siempre fue desde un principio un tanto reacia al ambiente liberal, no terminaba de aceptar en su totalidad la idea de que alguien les mirase mientras follaban o ver a otra pareja practicando sexo junto a ellos, eso por no hablar de un trió o un intercambio total. Pero el respeto y la confianza en él admitía su nuevo juego en la red aunque fuera en gran parte en solitario, siempre a su lado!
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...la penumbra inundaba la habitación, la música, la humedad, el calor y el olor, sobre todo el olor, ese olor a piel, deseo y lujuria, ese olor dulce, ese olor que emborrachaba su mente, ese olor que reconocería en cualquier lugar por mucho tiempo que pasase... ese olor sexo. Él se había sentado en aquel rincón mientras ellas estaba de espaldas, pero sabía que la miraba mientras se tocaba muy despacio, escuchaba su respiración y podía notar desde la cama redonda en la que se encontraba tumbada, como el grado de lujuria aumentaba en él cada segundo que pasaba. Todo estaba preparado, todo estaba concienzudamente planificado, podía reconocer sin ninguna duda aquella máscara sobre la mesa que había ante él... ella misma la había comprado días atrás...

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La temperatura de los privados en el chat se disparo rápidamente y las pupilas de él se dilataban cuando aquel nick se conectaba e inmediatamente después se escondían en sus chat particular. La excitación iba implícita en cada sesión, las pulsaciones se aceleraban con cada mensaje, hablar de sexo con aquella desconocida, con la mente desnuda, sin tapujos lo hacía más excitante aun. En pocos días la complicidad era enorme y empezaban a jugar con la idea de convertir lo digital en real!
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...otro hombre la observaba recostado sobre un sillón próximo mientras se acariciaba despacio. Ella continuaba con su actuación frente a su presa mientras jugaba con los encajes de su lencería. Su sexo estaba completamente empapado, no podía creer el grado de excitación en el que se encontraba, sus dedos invadieron despacio y insultantemente fácil su cavidad, la lengua salida de su boca para recorrer sus labios como si tuviera voluntad propia y el final de su espalda se arqueaba sobre la cama. Él continuaba jugando a ser voyeur y esto la irritaba y excitaba aun más, empezaba a sentir la irrefrenable e imperiosa necesitad de ser penetrada...
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No se sentía del todo bien haciendo lo que hacía a espaldas de su chica, pero la frontera aséptica del router resultaba ser el bálsamo perfecto para su conciencia, pero estaba decidió a dar el paso definitivo, se había armado de argumentos que no quería y no debía someter a prueba.
Una fiesta de mascaras en aquel local liberal era el escenario perfecto y una cita con un colega la tapadera idónea. Acordaron encontrarse dentro del local, ella dejaría una bolsa con máscara a su atención en la entrada y la sala de la cama redonda era el lugar perfecto para primer encuentro...
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...estaba completamente excitada, no podía dominar mucho más tiempo aquella situación, si no hacia algo en cualquier momento se correría despiadadamente pero tenía dudas sobre cómo actuar. No fue ella, tampoco él quien resolvió la situación... aquel tío que miraba desde el sillón se levanto despacio y se acerco descaradamente a ella en un gesto que era claramente una declaración de intenciones y ella "qué coño... adelante!"... su excitación dominaba su conciencia y sus más oscuros deseos nublaba su razón. El tipo se puso de rodillas sobre la cama ofreciendo su rabo erecto y palpitante, al tiempo que ella se giraba   

quedando a cuatro patas en un gesto cargado de intención hacia su invitado. Su sexo dejaba escapar la esencia de su deseo al tiempo que ella se contoneaba provocadora mientras sujetaba aquella enorme polla que le brinda. La saboreo despacio, deleitándose en su glande rosado y carnoso y al mismo tiempo su otra mano acariciaba despacio un clítoris muy hinchado, para después recorrer su rajita despacio hasta su culito y deshacer después el camino...
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Era consciente de que el tiempo pasaba y él continuaba con si nueva afición. Empezaron a anidar en su cabeza un montón de finales posibles para aquella historia y en ninguno de ellos se veía bien parada, fue entonces cuando pensó en hacerlo... Mientras él estaba en el dormitorio con el portátil, ella desde el salón se registro y comenzó a chatear con él. A pesar de la decepción por cómo había reaccionado, controló su impulso inicial de mandarle a tomar por el culo, controló sus emociones y maquinó una venganza que no olvidara en su puta vida. Le demostraría de una manera irrefutable que era un cabrón y después le mandaría a la mierda con su nueva diversión.
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  ...aquel tío la cogía por la nuca suavemente acompañando el  
movimiento rítmico de la mamada, su polla llenaba una y otra vez su boca al tiempo que su lengua despedía aquel glande justo antes de salir despacio de ella. Sus pechos se balanceaban al compas del movimiento y fue entonces cuando su clítoris recibió la primera caricia de su lengua de él, se había acercado por detrás y desde allí estaba lamiendo su sexo. La excitación hizo estremecer todo su cuerpo y un escalofrió lo recorrió de principio a fin. No podía creer lo que estaba pasando, estaba allí a cuatro patas comiéndole el rabo a un desconocido, mientras su marido la comía a ella... aquella situación había escapado a su control, aquello no estaba en su hoja de ruta, pero no podía hacer nada, estaba sometida al deseo, doblegada a la necesidad de ser poseída...
Notó las manos de su marido en la cintura y adivinó lo que iba a suceder. Su coño se abrió muy despacio mientras aquel miembro la llenaba por completo y con un suave vaivén comenzó a follarla despacio mientras ella continuaba recorriendo la polla de aquel desconocido desde la base hasta la punta.
No podía más, estaba tan excitada que creía que iba a estallar en mil pedazos cuando miró hacia atrás buscando el gesto de placer en la cara de él... sus pupilas se dilataron en una fracción de segundo como las de un gato en la oscuridad al descubrir que donde debía estar su marido realmente estaba el mejor amigo de éste... no sabía lo que estaba pasando, no podía entender nada , su mente se colapsada y parecía perder la conciencia de un momento a otro, su cabeza daba vueltas y la imagen de sí misma siendo embestida por Pablo mientras otra polla la follaba por la boca fue absolutamente insoportable... y entonces estallo! estallo en un orgasmo que la hizo gemir desde lo más hondo de su ser, todo era desproporcionadamente excitante para ella. El amigo de su marido seguía bombeando su coño y aquel desconocido se estaba corriendo en su cara, el orgasmo sacudía su cuerpo con una ola cálida y su coño rompió en una erupción de flujo y espasmos como nunca había vivido antes. De no ser porque la sostenía por las caderas se hubiera derrumbado sobre la cama mientras seguía siendo penetrada incesantemente...
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- Joder el caso es que al final me siento mal tío! creo que no puedo hacerlo, no debo hacerlo!
- Venga no me jodas! llevas un montón de tiempo calentándote con esa tía y cuando llega el momento de la verdad te echas atrás! vete a tomar por el culo!
- No puedo tío, no puedo!
- Vas a desaprovechar una oportunidad como esta? estas gilipollas?
- Coño y porque no vas tú?
- Tu alucinas o qué?
- Que si joder! Nunca nos hemos visto, no me conoce, yo te daría todos los detalles, tu sólo tienes que pedir un paquete que te ha dejado en la recepción a mi nombre, te esperará en dentro!
- Vamos no jodas! a ti se te va la hoya!
- Que si coño! tú follas, y mi mujer no sufre la consecuencias de esta movida...
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Un momento... tranquilízate... piensa! que está pasando? espera! él no te ha podido reconocer con la máscara! no sabes que eres tú! pero que hace este tío aquí?... seguía realmente excitada, no paraban de follarla... la rodeo por la cintura con un brazo y la giró sobre él dejándola sentada sobre su tripa y levantándola suavemente y muy despacio empezó a penetrarla por detrás. Aquello la iba a volver loca, no podía páralo y lo peor es que no quiera, sin tiempo para pensarlo el tipo de la mamada embistió su coño expuesto y ambos comenzaron a follarla de nuevo... aquello era demasiado, se sentía completamente llena y a punto de correrse de nuevo cuando notó como la leche cálida y abundante inundaba su culo... sus piernas perdieron toda la fuerza que les quedaba, el invitado saco la polla de su coño y comenzó frotarla en su clítoris, se entrego de nuevo y volvió a dejarse inundar por un otro orgasmo demoledor... 


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-Cielo que tal la cena con tus amigas?
-Bueno... no hubo muchas conversación... pero me quede muy llena!
-Que tal con tus amigos?
-Muy bien, Pablo tan loco como siempre, ya le conoces!
-La próxima vez salimos los dos juntos cariño, estoy segura de que lo pasaremos genial!



jueves, 3 de octubre de 2013

UN "TÍMIDO" TRUHAN 3 por Látigo

PARTE 2: http://complicidadpersuasiva.blogspot.com.es/2013/07/un-timido-truhan-2-por-utopica.html



Hacía ya largo rato, antes del pequeño desliz penalizado por tu parte como "falta personal", que trabajaba tu cuerpo con obsesivo afán. Siempre has sido un "electrón libre", pero muy apegado a tu órbita -especialmente cuando se te mete en la cabeza quedarte en ella- y me constaba que, para que se produjese ese cambio al nivel de energía que desencadenaría "el chispazo" -a esa onda a la que yo te quería conducir-, debía currármelo mucho... sobre todo si para ello sólo podía usar mis inocentes manos aplicadas en los territorios menos... "salvajes" de tu piel. 

"Te haré el amor con mi mente".

Eso fue lo que te dije y ahora era esclavo de mis palabras. No bastó que embadurnara concienzuda y cariñosamente tu pie con abundante crema tibia en una caricia... para apretarlo de repente con firmeza entre mis dedos y sentir el crujir cansado de tus tendones y huesos que, sinceramente, sonó mejor que un "aleluya", acompañada del suspiro sorprendido y grato de su dueña como soprano principal.

-¡Aaaaaayyy! ¡Uuuufff!
-¡Vaya, vaya! ¡Parece que están cansados! ¡Tu trabajo te machaca los pies, nena! ¡Espera...!


Tras el primer dulcísimo apretón de entrante, vino un masaje con ambas manos -no muy suave pero tampoco fuerte- recorriendo tu planta y empeine. Lo hice como quien torsiona un pan por la mitad para partirlo, girando cada una hacia un lado distinto. Forcé los dedos hacia arriba con la izquierda pasando con medida presión la derecha por la planta curvada y tensa. De nuevo sonó algún leve chasquido interior que -nena, lo sé- te provocó un escalofrío de placer.

-¡Ahora -susurré- al contrario!. -¡En efecto, con la diestra forcé tus dedos hacia abajo curvando aún más la delicada curva plantar, y presioné el empeine desde los nudillos hacia el tobillo. De nuevo experimenté el leve crujir quejumbroso de tus tendones necesitados de un poco de cariño.

Fui subiendo, tras meter entre tus deditos cada uno de los míos abriéndote entera (un símbolo, un presagio: "abriéndote"... mmmmm)  por tu pierna, amasando los gemelos y dibujando la forma del músculo. Vaciando, siempre vaciando -como si tuviese un exquisito tubo de crema de tersa piel y divinas formas- hacia arriba; hacia la ingle. Amasando el tejido muscular, acariciando las corvas con precaución si había alguna venilla... y de ahí al muslo. ¡Te escucho respirar acompasadamente, con los ojos cerrados! ¡Ya sé que esperas que me acerque a su cara interna para "sacarme la tarjeta amarilla"...! ¡Pero no te doy oportunidad! ¡Cuando adivino que estás pensando si castigar mi atrevimiento con una llamada de advertencia, me retiro cual caracol retira sus cuernecillos a la primera gota de lluvia...(ja,ja,ja)!. Sin embargo, adentrándome por las laderas de tu espalda, viendo el franco abierto  cuando subiste tus brazos para apoyar tu cara en ellos, mordí tan grato anzuelo y no tardé en recibir tu reprimenda.

 - Ehhhh, ese es terreno prohibido querido!!!! 

Imaginé tu sonrisa perversa. ¡Lo estabas deseando!. Te morías de ganas de demostrarme que va a ser un camino lleno de espinas. ¡No me importó!. Siempre he pensado que, tras el duro y espinoso tallo, la rosa guarda sus pétalos de aterciopelado y encendido rojo... ¡y el dulcísimo aroma de su oculto pistilo!.


Precisamente para llegar a tu pistilo sin abrir tus hojas, bella y espinosa rosa, me fui de tiendas una semana antes contigo en la mente. ¡No estaba seguro de que nuestro encuentro amistoso acabase en nada, ni yo lo forzaría, por supuesto (sabes que nunca lo fuerzo), pero un tímido truhán debe venir preparado, por lo que de él se pudiera esperar...

Seguro que, cuando dejé momentáneamente de masajearte, al oírme trastear dentro de mi bolsa, pensaste... "¡a ver qué busca que te busca el loco este...!".

¿Pudiste imaginarme, entonces, sonriendo maliciosamente como tú lo hiciste antes pero con mucha más malicia?.


LÁTIGO


Pero en cuanto sentí algo que vibraba rozando mi cadera supe que el amigo con el que había comido Al-Andalus la semana anterior eras tú. 
El diminuto vibrador (pedidos a al-Andalus por 15,95€) comenzó a recorrer mi cuerpo de manera disimulada, a pesar de mi protesta...


- Nino, ¿tu quieres cobrar no?

- ¿Porque? Me has permitido un masaje y no hago más que eso, solo que ahora me ayudo con un aparatito.

- Eso no estaba en el trato Pedro, y lo sabes.
- Ni lo habías dejado fuera del trato, Lolita, y también lo sabes. ¿Te vas a asustar porque este minúsculo aparatito roce tu piel?

- No, asustarme no es la palabra.

- Pues entonces dejare llevar.
Me deje llevar, no porque me hiciera gracia el juego, sabia que te daría ventaja, pero no dejarme también te la habría dado, a si que, callé, apreté mís músculos y te deje hacer.

Pero... Joder, hacías tan bien...

Intuí que habías probado el efecto del juguetito sobre tu propio cuerpo porque sabías bien donde aplicar la fuerza, donde pasarlo suavemente, donde hacerlo que simplemente rozase mi cuerpo...

Sobre mis caderas ejercías presión, y la vibración llegaba a mi sexo, excitándolo a pesar de mis escuerzos por que eso no ocurriera. Subiste por mi espalda rozando apenas mi piel, consiguiendo que se me pusiera de gallina.


Supe que habías sonreído al verlo, era un pequeño triunfo para ti.
Acariciaste mis costados presionando suavemente de forma que mis pezones, sobre la arena, rozaban levemente con esta endureciéndose.
Esos puntos son los que recuerdo yo, pero no podía pensar como para, pasado el tiempo recordarlo con detalle, quizás tu te acuerdes mejor y, sin duda, serás mas capaz de describir los efectos que notabas en mi cuerpo ante tu jueguecito....
Yo solo se que, mi compostura, hasta ahora guardada, se perdió sutilmente. No se si eso lo notaste....
UTÓPICA


Látigo, querido, la pelota vuelve a estar en tu tejado.
¿Cómo continuarás?

sábado, 24 de agosto de 2013

MI DESEO por Utópica



Estábamos de pié junto a la barra. Sutilmente mi mano acariciaba de cuando en cuando su nalga, suave, como casualmente, sin llamar la atención de la numerosa clientela; como si ese movimiento formara parte de la conversación, pero con el, empecé a tomar contacto con el objeto de mi deseo.


El resto del mundo no era consciente, pero nosotros sí, nosotros sabíamos cuanto deseaba esa parte específica de su cuerpo. Para el resto los movimientos eran casuales, para nosotros aquellos movimientos tenían un significado, eran la manera de empezar nuestro juego, de acercarnos a nuestras fantasías, de cumplir nuestros deseos.

Tras una charla no demasiado larga, acompañada de unas cañas, salimos del bar dirigiéndonos a los apartamentos que serian testigo de nuestro juego.

Entró antes que yo en el ascensor y me dio la ventaja suficiente para, bruscamente, pegar su cuerpo a la pared frontal, abrir levemente sus piernas al tiempo que mi lengua lamió tras su oreja, y mi mano se coló entre sus nalgas acariciando desde atrás, pasando entre sus muslos y llegando a palpar su sexo en un gesto despectivo con el que comprobé  mi conformidad con él. Casi cuando el ascensor llegaba a su destino mi mano había pasado a colocarse en sus caderas haciendo el gesto de follarlas.

Nada más cruzar el umbral de la puerta, una simple mirada bastó para que se arrodillara y yo hundiera su cabeza entre mis piernas permitiendo que se impregnara de mi olor. Pequeños jadeos de conformidad salieron de su boca mientras mis manos jugaban con su pelo y yo disfrutaba de su cara de deseo, de felicidad, de entrega.

Una de sus manos quiso acercarse a mi sexo pero un fustazo se lo impidió.
Zas
Con una mirada de sorpresa pregunto:
- ¿Cuando la ha sacado?
Me eché a reír burlándome.
- Jajajaja siempre ha estado conmigo.
- Desnúdate -ordené una vez roto el mágico momento de su encuentro con mi sexo.

 


Entretanto hicieron aparición unas cuerdas, unos juguetes, cremas: que fueron cuidadosamente colocados sin que mi mirada se apartara de la suya.
Miró desconfiadamente, pero un atisbo de sonrisa en su cara de susto me confirmó que confiaba en mi.
Saqué un tanga y se lo tendí.
- Nooo, me dijo suplicante.
- SI, fue mi contestación autoritaria.
Con cara avergonzada se lo puso y vino a mi con las manos sobre su sexo; no por vergüenza, que seguro la sentía, si no simulando una esposas inexistentes.

Acaricié una de sus nalgas despacio, la agarré, la pellizqué suavemente. Plas.
Fui a la otra, hice lo mismo y de nuevo, plas.
Aquel gesto nos excitó a ambos y agarrando sus cabellos con fuerza nos besamos apasionadamente.


Por primera vez nuestros cuerpos se acercaron tanto que fuimos conscientes de nuestros sexos. El calor de uno, el tamaño del otro.
Su mente se relajó y sus manos fueron a acariciar mi espalda; rápidamente se las bajé, se las estiré con las palmas hacia arriba y utilicé la fusta contra ellas.
- Habías prometido que no se te escaparían las manos inútil.
Zas
- Me suplicaste que no te pusiera esposas, que no serian necesarias. Zas.
- Veo que no puedo confiar en ti.
Zas.
- El deseo.... Balbuceó.
Zas
- El deseo ha de hacerse esperar, solo ganándotelo podrás disfrutar de ello, cuantas veces hemos hablado eso.
Zas.
- Lo siento, se volvió a escuchar con voz entrecortada.
- Se que lo sientes porque has roto dos momentos que deseabas por tu estupidez.
Zas
Me di media vuelta hacia donde estaba mi copa pero aun de espaldas noté como bajó los brazos.
- Nadie te ha dicho que los bajes.
Volvió a subirlos.
Si la ira se escuchara podría oír sus bufidos.

Bebí calmadamente, observando en la distancia.
Al principio su mirada me esquivaba, luego miraba aunque no directamente y finalmente logré ver un gesto de complacencia, una media sonrisa escondida.

Volví a su lado.
- Mira que eres zorra. Cuanto te gusta provocarme.
Lamí sus labios sin permitir ningún gesto de su parte. Cojí sus manos y puse unas esposas...
- Per....
- A callar, ordené, tú has roto tu parte yo rompo la mía.

Puse entre ellas unas cuerdas, hice que fuera hasta la ventana y elevé sus manos sobre su cabeza ayudada por la barra de las cortinas. Sabía que no era muy seguro, pero confiaba que la inmovilización fuera más simulada que necesaria.
Su cabeza se escondía entre las cortinas y más se escondió cuando agarre sus caderas e hice que diera un paso atrás para poner su espléndido culo a mi merced.

Me agaché entre sus piernas; lamí con excitación y gula sus nalgas. Las toqué, las acaricié, las observé como un trofeo largamente esperado y ampliamente conquistado.
Comencé a percibir el olor dulzón del sexo excitado.
Me levanté; mientras mis labios recorrían su espalda, mis manos se colaban entre sus nalgas.
Llevé una de mis manos a su boca y metiendo un dedo entre sus labios ordené.
- Chúpalo.
Uff, claro que chupó.
Chupó como si llevara años sin comer. Chupó con ansia. Chupó con deseo. Chupó como si de aquellos dedos fuera a sacar algún delicioso elixir. Luego los dedos volvieron entre sus nalgas y se empezaron a escuchar sus jadeos.
A cada azote se sucedía una caricia que cada vez adentraba más mis dedos en su cuerpo.
Plas
Y una mano recorría desde sus caderas hasta su ano, abriendo sus nalgas para conseguirlo.
Plas.
Y regalaba el mismo recorrido a la otra nalga.
Plas.
Y el recorrido acababa presionando suavemente su ano.
Plas.
Y lo mismo por el otro lado.
Plas.
Y dos dedos juegan a la entrada de su cuerpo.
Plas.
Plas.
Plas.
Y sus jadeos se elevan y los dedos vuelven al mismo sitio.
Plas.
Su respiración se acelera.
Plas.
Y siguen situados los dos dedos en el mismo sitio como tímidos de entrar.
Y muerde sus labios en un intento de callar.
- Dímelo.
Un “cab...” se ahoga en su boca.
- PÍDEMELO.
- Fóllame. Escucho tímidamente.
- Así no noto el deseo repítelo.
- Fóllame.
- No creo que realmente quieras eso.
- FÓLLAME JODER.
Grita al fin.
- Así sí. Eso es lo que quería oir.
Desato la cuerda, quito las esposas, beso su boca entreabierta y jadeante y coloco sus manos sobre la mesa. Pienso que, aunque sus manos estén libres las necesitará para agarrarse una vez empiece a embestir.
Llevó mis dedos a su boca.
Mirándome a los ojos los lame, escupe sobre ellos dejándolos empapados, desafiándome nuevamente, sonriendo pícaramente.
Plas.
Mis manos comienzan de nuevo el recorrido desde sus caderas al interior de sus nalgas aterrizando en un ano cada vez más receptivo.
Nuestros cuerpos están paralelos. Observo su cara cuando uno de mis dedos comienza a entrar en su cuerpo.
Ahora su boca, entreabierta aparte de jadear, me llama para ser besada. Es complacida, pero vuelvo a separarme cuando comienzo a introducir un segundo dedo. Apenas nada cambia y me encamino a un tercero. Entonces un ligero gesto de dolor asoma y lo calmo con besos y mi cara acariciando la suya y susurrando.
- Ufff me encanta como poco a poco te entregas, como te vas abriendo para darme el placer que deseo.
Como si el dolor desapareciera de repente y a su mente volviera a su objetivo, darme placer, ser complaciente; echa las nalgas hacia atrás para sentir más la penetración y provocarme nuevamente.
- Eso deseo, que obtenga su placer a través de mi cuerpo. CÓJALO.
El énfasis que puso en esa palabra hacia que pareciera un grito, una súplica.
Mis dedos entraron más aprisa; nuestros respectivos sexos delataban la excitación.
El coñito empapado emitiendo ese embriagador aroma dulzón, el pene erecto, salpicando tímidamente sus ganas sobre el suelo.
Nuestras bocas volvieron a encontrarse húmedas, cachondas, entregadas.
- FÓLLAME. Olvidó todo protocolo, toda parafernalia.
Sin dejar de besarnos y con una sola mano voy cogiendo lo que necesito y preparándome.
Apoyo mi cuerpo en la mesa, termino de colocarme insinuante, nos besamos y presionando sobre sus hombros hago que se arrodille.
- Chupa.
- Joder, dice protestando.
- Así entrará mejor.
- Entrará igual de bien.
- Pero mi excitación será mayor y empujaré con más fuerza.
- Ufff eso si.
- Pues deja de hablar y chupa.
Esa visión me ponía muy cachonda. De rodillas, frente a mí, mirándome a los ojos ya no desafiantes si no entregados.
Su excitación era también muy notoria a sí que pedí que se tocara mientras no dejaba de chupar.
Con una mano tocaba su sexo mientras con la otra hacia lo propio conmigo al tiempo que me entregaba su boca.

Ojalá fuera capaz de describir su rostro en ese momento.
Si apenas hacían falta palabras era por tantas conversaciones anteriores, por eso, ahora creía entender lo que sentía  a través de sus ojos.
Sabía que la humillación  de verse así, de rodillas, cumpliendo mis deseos le excitaba.
A mi verle chupando aquella polla de plástico con la que le haría mío me ponía a mil, y eso haría que mi coñito, el ultimo objeto de su deseo, se empapara y, si todo salía como se esperaba, calmaría en el su sed.
Quité el juguete de su boca y levantándolo le arrime mi sexo.
Se tiró a él como si fuera un animal carroñero.
Apenas se percato de mi gesto hundió su cara entre mis piernas, pero la postura no le permitía jugar como deseaba, soltó su propio sexo y llevó sus manos, una a mi culo, como agarrándose a él, y otra a subir el juguete todo lo que podía para, sacando su lengua lo máximo, hacerse con el elixir deseado.
- Dios que rico
- Gracias
- Que rico

Repetía una y otra vez entre lametazo y lametazo.
- Eres un patético perro hambriento.
Más hundió su cabeza restregando toda su cara.
Hice que se levantara. Le besé.
- Me gusta tu sabor.
Reímos y fuimos a  la cama.
Sin decir nada apoyó sus manos en ella quedándose a cuatro patas.
- No
Le agarré y con un nuevo beso, azoté su culo y lo acaricié.
Fui a su oído y susurrando.
- Te quiero boca arriba, quiero verte jadear como el perro que eres mientras te folló, quiero sentir tus huevos a punto de reventar, quiero ver tu polla babeando, quiero escuchar como pides más.
Me agarró apasionado, cachondo como el perro que se sentía, besándome. Comenzó a recorrer mi cuerpo con sus manos. Se que en el guión de la obra decía que tenía que pararlo. Pero no éramos actores.
Éramos dos personas excitadas, deseosas de descubrirnos y el deseo había podido con las normas, hasta que su polla rozó mi arnés y al tiempo que le excito le devolvió al papel que debía representar y, sumiso, pidió perdón tumbándose en la cama boca arriba como le había pedido y cerrando los ojos como si el no ver le fuera a evitar el dolor que sentiría, elevo sus piernas dispuesto a ser follado.
Escupí sobre su ano, me arrodillé entre sus piernas y lamí. La sorpresa debió ser tal que el grito de gozo ejerció como resorte de mi sexo e hizo que me empapara hasta tener la sensación de que comenzaría a mojar el suelo.
Levantó la cabeza y pude ver su sonrisa asomando entre sus piernas elevadas y abiertas.
Mi mano fué a su sexo y comenzó a acariciarlo bajando poco a poco a los testículos que apreté con fuerza haciendo que levantara más la cabeza.
Busqué su aprobación con la mirada y un "más" sin sonido dibujo su boca.
Agarré más fuerte.
- Perro, eres un puro perro cachondo.
Movía las caderas como si algo estuviera penetrando su ano.
Me levanté y masturbábamos coloque el arnés frente a su culo presionando levemente.
Iba de su polla a sus huevos, acariciándolos fuerte sin dejar de presionar su ano.
Movía el culo buscando más a si que, solté su sexo y agarrando sus piernas comencé a presionar más fuerte clavándole centímetro a centímetro mi juguete y en cada centímetro sintiendo más su entrega.
No dejábamos de mirarnos a la cara. Ambos nos mordíamos los labios quizás por el reprimido deseo de besarnos.
 

Cuando el juguete hubo entrado totalmente en el,  volví a acariciar su sexo, a apretarlo, moviendo suavemente las caderas hasta que sus jadeos fueron pidiendo que acelerara el ritmo.
Así estuvimos hasta que me pareció que iba a correrse que pare los movimientos.
Suplicó.
- Sigue.
Pero me negué. Tenía claro lo que quería y no era que se corriera así. De todas formas, ahora que nadie se entera, yo también estaba al borde del orgasmo y quería seguir disfrutando de esa sensación.
Sin salir de su cuerpo seguí acariciando su sexo, mirándole a los ojos, intentando leer en ellos si se estaban cumpliendo sus deseos. Intentando adivinar que podía hacer para sacar esa entrega que ambos deseábamos.

Apenas un minuto de calma dio paso al siguiente capítulo de nuestro encuentro.
Poco a poco me fui separando. Llevó sus manos a mis caderas como intentando evitarlo. Casi al mismo tiempo se dio cuenta de su error. Le di sendas palmadas reprimiéndole, y, con esa sonrisa de picara cabrona que dicen me caracteriza, las agarré pasándolas por mi cuerpo.
- Confieso que a veces me encanta que me desobedezcas.
Libre ya totalmente utilizó esas palabras para tirarse a mi acariciando y besándome. Unió nuestros pechos restregándose, bajó sus manos a mis nalgas, las separó intentando hacerse con la humedad de mi sexo. Al ver que no podía me tumbo boca arriba y sin parar de besarme comenzó a acariciarme gozando de lo que era para él una forma más de entregarse a su función. Darme placer.
Elevó el ritmo y presionó mis caderas contra la cama para evitar los movimientos dirigiendo su ritmo, entonces, riéndome, le regañe, tirándole a la cama.
- ¿No crees que te estás pasando de mandón?
Me besó para callarme.
- Deja que siga acariciándote por favor.
Me puse paralela a el, mirándole a los ojos, llevé mis manos entre sus piernas, el me correspondió. Volvió a acariciarme, esta vez despacio, fue llevando su boca a mis pechos, y mirándome a los ojos los lamió, sabiendo como me excitaba cualquier contacto con ellos.
Apreté sus testículos con fuerza.
- ¿Paro? Me preguntó extrañado
- No, lo que te digo es que me quedo con ellos en la mano si lo haces.
Escuché una carcajada que me sonó a música celestial.
- ¿Te he dicho que me encanta tu sutileza? Dijo irónico.
Plas
- ¿Te he dicho que te estás pasando? Contesté en el mismo tono.
Algo tocó en ese momento que comencé a jadear. El me observaba absorto, concentrado en seguir moviéndose de la misma manera ya que parecía haber encontrado el botón mágico. Cuando me cansé le tiré sobre la cama y me puse sobre el clavándome poco a poco hasta que no quedaba nada de su sexo al aire.
Me tumbé sobre su cuerpo apretando mis músculos sobre su polla, mis caderas contra su cuerpo y mi boca contra la suya.
Tras esos primeros segundos de calma, me puse en cuclillas y comencé a follarme pellizcando sus pezones, presionando sus hombros contra la cama, agarrándome a su pelo, follándome cada vez más deprisa.
El estaba quieto, dejándose hacer, hasta que no pudo controlarse más y sus caderas empezaron a moverse enloquecidas buscándome.
Mi cuerpo se retorció para que mis manos buscaran sus testículos, presionándolos nuevamente. Comenzó a gritar excitado. Pensé que se correría y le advertí que no debía hacerlo.
- No, no, aun no me corro, se lo que debo hacer en ese momento, tranquila. Me dijo llevando mi cuerpo hacia el suyo para besarme, lo que hizo que bajáramos el ritmo pero que lo cambiáramos por un momento cargado de pasión. El aprovechó la cercanía de nuestros cuerpos para recorrerme despacio.
Sonreí.
- No era una promesa y necesito sentirte.
- No he dicho nada
- Pero lo has pensado y ya ibas a darme un azote.
- No necesito escusas para eso.
Plas.
Suavemente comienzo a azotarle, despacio, en unos movimientos cargados de erotismo, pero a cada una de esas palmadas el lleva sus caderas fuerte hacia mi, como si con ellas ejerciera presión sobre su cuerpo.
Sus manos no dejan de recorrerme, de la misma manera calmada en que le azoto hasta que, no se muy bien porqué la pasión se descontrola y comienzo de nuevo a fóllale como poseída.
Llevó sus manos a mi pecho haciendo que presione levemente.
Mis jadeos me delatan y comienza a gritar pidiendo mi orgasmo.
Cierro los ojos, continuo mis movimientos, grito, me agarro a su pecho, le tomo con mis músculos, me muevo enloquecida.

- Ahhhhh
No es solo el grito el que delata mi orgasmo, su polla empapada también sabe algo de eso.
Me levanto un poco, acaricio mi sexo empapado y llevo los dedos a su boca.
En ese momento el mundo de paraliza para el.
Coge mi mano y despacio me mira a los ojos, saca la lengua y guiando el movimiento de mi mano la coloca sobre ella. Como si lengua y dedos de hubieran quedado pegados mis dedos se esconden entre sus labios y siento como los acaricia. Cierra suavemente los ojos como si privarse de la visión le fuera ayudar a degustar mejor.
Mis movimientos sobre sus caderas no han parado, aunque son suaves, mi mano vuelve a sus testículos, y una presión sobre ellos le saca del momento de ensueño en el que esta degustando mi sabor para llevarle a la realidad de estar siendo follado, de que su sexo esta a punto de reventar y que cada roce en sus testículos es una pequeña tortura ya que siente que no puede más.
- Me voy a correr Ama, no puedo más.
Sabe que ese Ama no es necesario, pero así lo siente, y me encanta cuando le sale de forma tan natural.
Descabalgo de su cuerpo pero rápidamente mis manos sustituyen a mi sexo. Me tumbo de lado, se coloca de rodillas en la cama y pidiendo permiso con la mirada lleva la mano que le sobre entre mis piernas mientras entre los dos motivamos a su sexo a que descargue sobre mi pecho.
No tarda en hacerlo, echando la cabeza hacia atrás, sin ver donde está cayendo su leche. Soy yo la que lo hago caer sobre mi pecho, como tantas veces hemos fantaseado.
Abre los ojos cuando da por finalizada su corrida y se queda observando  como la extiendo sobre mi pecho.
Su mano continúa agarrando su sexo y cuando mi boca se acerca a besarlo agradeciendo el placer proporcionado, me lo ofrece entregado.

Dejo mi cuerpo caer sobre la cama en un exagerado desfallecimiento, se acerca a mi boca regalándome un largo beso.
- Gracias.
Descansa su cabeza sobre mi pecho, mis dedos de enredan en su pelo, el silencio invade todo el hueco que no llenan los pensamientos.
Se que ambos estamos recapacitando, asimilando lo que acabamos de vivir, si es que un momento tan largamente esperado se puede asimilar en unos minutos.
Levanta la cabeza.
- ¿Puedo ama?
Dice sin más.
Yo se qué desea, no necesito que diga mas, y si, se lo ha ganado.
- Si
Contesto escueta.
Ansioso coloca la cabeza sobre mi cabera derecha y comienza a hundir suavemente sus dedos en mi sexo, acariciándolo y adorándolo como tantas veces había deseado.
Como si ese gesto le devolviera a la vida, al tiempo que me acaricia comienza a hablar sin parar. Entonces, de manera inconsciente pero muy real, a través de sus palabras empieza a entregarme esa parte de su alma que, diga lo que diga, había permanecido guardada entre candados hasta entonces.
Se lo había dicho, no tengo prisa, serás mío, y en ese momento, en ese preciso instante, lo estaba siendo.