Mostrando entradas con la etiqueta dominación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dominación. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de noviembre de 2013

PRESTANDO A MI PERRO por Utópica



Ponte de rodillas. Aquí, cerquita del sillón, para poder lamerme, y cuando esté caliente, ya veré que hago contigo.

Mis amigas miran entre divertidas y alucinadas mientras yo me arrimo a tu oído y te susurro con cara de malvada:
- Te voy a atar para que te usen mientras yo me siento a mirar.

Se te pone esa cara de perro salido que tanta gracia me hace, y no puedo evitar reírme.

 Después de seguir charlando con mis amigas y de que alguna de ellas bebiera más alcohol del recomendado, me canso de tenerte a mis pies. Cada vez lames más cerca de mi entrepierna. De vez en cuando, con un golpe, te recuerdo que ese caramelo aún no te será dado, y vuelves a bajar hasta mi rodilla, para volver a comenzar el ascenso.
Me pregunto si crees que soy tonta, porque como estoy hablando, te crees que no me voy a enterar de que te arrimas a mi coño, pero, aparte de que siento, sería difícil no percibirlo con tu manera de jadear.

Mis amigas miran curiosas por ver que eres capaz de hacer, cada vez con más alcohol en su cuerpo.
Me levanto, y cojo unas cuerdas, quito dos cuadros de una de las paredes del salón, y ríen. Bajo ellos, se esconden dos argollas que servirán para mantenerte las manos inmovilizadas.

Te quito la ropa que te queda, pero decido dejarte los calcetines.
- Esos te los dejo que hace frio-jajajaja- además así estas más patético.
Me siento frente a ti, observando; empiezan a tocarte, mirándome como preguntando hasta donde podrán llegar. Mientras, tienes las piernas abiertas esperando no se sabe que.


Ocho manos empiezan a recorrerte y casi de inmediato tu polla se pone tiesa.
Me miras, agradecido.
- Mira que cara de salido se te pone, solo te falta babear. Aggg que agco, ¡si ya babeas! -La polla te crece ante cada lengüetazo de mis amigas- Ya puedes cumplir perro porque son unas zorras; te van a dejar seco.
- Sí Ama,  lo haré lo mejor que pueda, Ama.
- De momento no puedes hacer nada, ahí atado.

Poco a poco van cogiendo confianza, se ríen, te tocan, una empieza a masturbarte, se descojonan viendo tus gestos, de miedo, excitación, de obediencia….
- Es vuestro juguete chicas, espero que os divirtáis con él como nunca. No os cortéis.

Te están echando la cerveza por tu cuerpo y lamen, creo que han bebido demasiado, al menos Patricia.

Estas muy excitado. Siempre hemos hablado que es una de tus
fantasías, chicas borrachas aprovechándose de ti, lo que no te imaginabas cuando me llamaste a ver si había terminado mi comida, es que sería hoy. Y, o poco te conozco, o el que yo esté frente a ti, mirándote con una copa en la mano aumenta esa excitación y hace aún más perfecta tu fantasía.

Me arrimo, acercando mi cara a la tuya, para sentir el aliento de tu respiración. Cierras los ojos y echas la cabeza hacia atrás.
-Estoy por taparte los ojos- te susurro al oído….
- ¡No te pases Patricia coño!, que se le ha escondido la polla del susto que le has metido. Ahora alguna vais a tener que mamar si queréis volver a verle la polla.
-¿Qué te pasa perro?, ¿sólo te gusta cuando te pega tu ama?

Vuelvo a arrimarme a ti, lamiéndote el cuello, pongo una mano en tu ingle, acercándome peligrosamente a tus huevos. Apenas dos caricias acompañadas de mis palabras obscenas y vuelves a tener la polla a tope.

Me río, te doy toquecitos en los huevos, y Patricia vuelve a arrimarse, agarrándote la polla, pero la mirada que la pongo la hace ponerse seria.
- Cuidadito chicas, es mi juguetito. Os lo presto, pero no me lo podéis romper -digo riendo pero dejando claro que hay límites y que no estoy dispuesta a que se salten.
Cojo a Alicia y la pongo delante de ti, restriego tu polla entre sus piernas, al mismo tiempo la digo,
- Juega con su polla, mira como le babea al perro.

Tanto conocernos, te leo en los ojos el pensamiento. Siento el agradecimiento, hasta la ternura con la que piensas….  Me encanta que me compartas con tus amigas, Ama.
- Puta, que eres una puta. Te van a reventar los huevos solo de sentir su humedad.
Jadeas ansioso; se nota que empieza a desesperarte estar atado.
- Te gusta ¿ehhhhh?, a ver si te gusta tanto si te doy la vuelta.
Te desato y con la fusta en la mano, te apoyo sobre la mesa, con el culo en pompa.
Plás
- Abre bien las piernas puta.

Alicia se mete bajo la mesa, de rodillas, y empieza a comerte la polla, mientras Patricia decide volver a participar y va a tu culo acariciándolo con dos dedos. Me quedo cerca porque no me fio y veo que te mete los dedos sin aviso, claro que, con lo perro que estas, no te hace mucho daño.
Jadeas, gritas, Alicia te está poniendo a mil hasta hacerte olvidar que Patricia está jugando con tu ano; más que olvidarte de ella, lo que estas olvidando es que no deberías fiarte de ella, y estas disfrutando.

Me arrimo otra vez.
- Complácelas, quiero que se queden contentas con mi perrito.
No eres capaz de emitir más sonidos que ufffff, ummmmmmm ahhhhhhhhhhhhh. Jadeas como el perro que eres.
- Ni se te ocurra correrte, que son cuatro.
Me miras asustado, como si de repente recordaras que hay dos más que aun no se han arrimado. Levantas la vista, y las ves en el sillón, con los pechos al aire, masturbándose mutuamente.
- Míralas, son más perras que tu, y están super cachondas, comiéndose una a otra a falta de una polla que les de placer.
-Túmbale, quiero follármele. Dice Patricia.

Te llevo a la cama, te voy a atar al cabecero pero te digo al oído…
- Te iba a atar al cabecero, pero no hace falta verdad… vas a estar muy quietecito.
- Si Ama, no me moveré Ama, haré lo que me ordenes.
Tu polla está a punto de reventar, Patricia se sube a ella y a media lengua, apenas se la entiende con el pedo, dice....
- A ver cuánto da de sí el caballo para montarlo.
Y empieza  a moverse torpe, te agarra una mano y se la lleva a su teta, la agarras fuerte mientras ella se mueve como puede sobre tu cuerpo. Te da un golpe en el pecho.
- Muévete perro -te dice.
La miro, solo la miro, no la tengo que decir nada, pero ese gesto es suficiente para que recupere el control y se centre en follarte para correrse. Una de sus manos va a su clítoris. Alicia te toca los huevos mientras te muerde suavemente.
- Vas a reventar puta- Te dice cachonda.

Ester y María, se levantan. Van hacia la cama. Una de ellas, Ester, se levanta la falda y se pone sobre la cama; bajando a tu boca te dice:
- Come perro.
Antes de que llegue a la boca te has corrido.
- Joder, cerdo cabrón, eres un puto salido¡¡¡ No aguantas nada.
- No me lo puedo creer, ¿así crees que puedo presumir de perro? Pues vaya mierda. Las has calentado a todas y ¿ahora qué? ¿Qué crees que vas a hacer?
Voy a buscar una cosa.

- Levántate perro, ponte esto.
- No Ama no, por favor, lo siento, pero no me hagas hacer eso.
- Ponte mi arnés y deja de protestar, será la única forma de poner follarlas.
Lloriqueas.
-Ama las complaceré con la lengua, con las manos, como sea Ama, no se irán sin correrse.
- Lo puedes tener bien claro, ponte esto de una vez.
Plás
Plás
Mis amigas se escojonan de verte
- Ahora sí que tiene buena polla, voy a cabalgarle- dice Ester. Las demás se ponen a tu alrededor, María ocupa tu boca y Patricia, ya más relajada tras el orgasmo, se encarga de tus huevos, cosa que sigue dándome miedo.


Ester te cabalga con fuerza y no habías pensado hasta ahora el dolor que podía causar tu polla aprisionada bajo el arnés, lo que hace que te crezca y te produzca más dolor.
Agarran tus manos y llevan cada una a un coño mientras el otro sigue en tu cara.
 Apenas puedes darlas placer concentrado en comerte el coñito que te han puesto encima y en hacer lo posible para que no te reviente la polla debajo del arnés.
Aguantas así unos minutos pero haces un gesto y me acerco para ver que pasa. Sin romper el juego me das a entender que te va a reventar la polla bajo los saltos de mi amiga que está reventándose a si misma con el juguete. Me arrimo, la paro un segundo, coloco tu polla para que no te haga daño  pero vuelvo a hacer que Ester baile sobre mis pollas de juguete.
Voy a tu oído y te susurro, -¿bien?
Ya no puedes contestarme, simplemente mueves la cabeza alante y atrás bajo el coño de mi amiga que te agarra la cabeza con ambas manos follándose tu cara.
-Saca la lengua perro, sácala bien joder.

Están locas todas, una de ellas va a las tetas de la que te esta follando la cara y empieza a comérselas, otra va a las tetas de la otra, se escucha una carcajada.
- Jajajajaja perro patético.
No entienden porque lo digo pero he visto debajo del arnés, que te has vuelto a correr. La que te estaba follando se ha corrido también y pide sitio a la que está sobre tu cara para que la limpies.
- Lámeme perro, déjame el coño bien limpio.
En realidad he sido yo la que se lo he pedido. La que estaba sobre tu boca, que tiene el coño abierto de tanta lengua, se pone sobre el arnés.
- Mira que os gusta una polla zorras…
No paran de tocarse, no paran de lamerse, se pellizcan las tetas, gimen como cerdas. Unas y otras se van turnando hasta que todas se corren sobre mi juguete. Te corres una vez más con la vibración del arnés al máximo. Estás exhausto, no puedes más.
Con el pedo te han dejado más de un moratón de agarrarte más fuerte de lo debido,  pero con la excitación aun que no te das ni cuenta. No puedes más,  estás agotado, sin embargo sabes que, en cuanto se vayan, seré yo la que desee ser complacida.

Me despido de ellas mientras te doy la orden de ir a la ducha pero sales más cansado con el relax.

-  ¿Estás cansado?
- Mucho, me va a costar un par de días recuperarme.
Me arrimo a ti y te como la boca.
Plas
- Buen perrito, se han ido muy contentas,  has conseguido que se corrieran todas.
- Gracias Ama.
- Pero ahora ya sabes......tu ama desea ser complacida ¿vas a tener fuerza para ello?
Bajas la cabeza avergonzado, te agarro la polla con dos dedos y la levanto.
- ¿Has visto este despojo? no creo que con eso puedas darme nada de placer.
Voy girando a tu alrededor
- ¿Y ahora que hago contigo, cómo se supone que me vas a complacer?
Te tiro sobre la cama  y empiezo a acariciarte lasciva el culo, al tiempo que te propino pequeños azotes.
Plas
- Igual este culo puede ayudarme.
Elevo un poco tus caderas y empiezo a jugar con dos dedos. Me pongo el arnés, cojo vaselina y me pongo frente a ti.
- Ni se te ocurra bajar el culo perro,  engrásame bien la polla que cuanto más engrasada esté menos te dolerá.
Con ambas manos y mirada lasciva acaricias el juguete.
- Te complaceré Ama a pesar de todo seré capaz de darte placer.
Te como la boca de nuevo.
- Seguro perro, porque cuando te este follando el culito, me sentiré más que complacida.
Me levanto y vuelvo detrás de ti; vuelvo a coger vaselina. Comienzas ese baile provocador de zorrita complaciente que tanto me excita, arrimando tu culito cada vez más.
- Pídeme que te folle, perro, pídemelo.
- Fóllame Ama !! te lo suplico.
- No te escucho.
- FOLLAME AMA!!
- Así perro, ¡como puedes ser tan salido!. Horas usándote y se te abre el culo en cuanto te arrimo la polla. Claro que te voy a follar perro, te follare hasta que no puedas más, es el precio que pagarás por el regalo que te he hecho.


sábado, 24 de agosto de 2013

MI DESEO por Utópica



Estábamos de pié junto a la barra. Sutilmente mi mano acariciaba de cuando en cuando su nalga, suave, como casualmente, sin llamar la atención de la numerosa clientela; como si ese movimiento formara parte de la conversación, pero con el, empecé a tomar contacto con el objeto de mi deseo.


El resto del mundo no era consciente, pero nosotros sí, nosotros sabíamos cuanto deseaba esa parte específica de su cuerpo. Para el resto los movimientos eran casuales, para nosotros aquellos movimientos tenían un significado, eran la manera de empezar nuestro juego, de acercarnos a nuestras fantasías, de cumplir nuestros deseos.

Tras una charla no demasiado larga, acompañada de unas cañas, salimos del bar dirigiéndonos a los apartamentos que serian testigo de nuestro juego.

Entró antes que yo en el ascensor y me dio la ventaja suficiente para, bruscamente, pegar su cuerpo a la pared frontal, abrir levemente sus piernas al tiempo que mi lengua lamió tras su oreja, y mi mano se coló entre sus nalgas acariciando desde atrás, pasando entre sus muslos y llegando a palpar su sexo en un gesto despectivo con el que comprobé  mi conformidad con él. Casi cuando el ascensor llegaba a su destino mi mano había pasado a colocarse en sus caderas haciendo el gesto de follarlas.

Nada más cruzar el umbral de la puerta, una simple mirada bastó para que se arrodillara y yo hundiera su cabeza entre mis piernas permitiendo que se impregnara de mi olor. Pequeños jadeos de conformidad salieron de su boca mientras mis manos jugaban con su pelo y yo disfrutaba de su cara de deseo, de felicidad, de entrega.

Una de sus manos quiso acercarse a mi sexo pero un fustazo se lo impidió.
Zas
Con una mirada de sorpresa pregunto:
- ¿Cuando la ha sacado?
Me eché a reír burlándome.
- Jajajaja siempre ha estado conmigo.
- Desnúdate -ordené una vez roto el mágico momento de su encuentro con mi sexo.

 


Entretanto hicieron aparición unas cuerdas, unos juguetes, cremas: que fueron cuidadosamente colocados sin que mi mirada se apartara de la suya.
Miró desconfiadamente, pero un atisbo de sonrisa en su cara de susto me confirmó que confiaba en mi.
Saqué un tanga y se lo tendí.
- Nooo, me dijo suplicante.
- SI, fue mi contestación autoritaria.
Con cara avergonzada se lo puso y vino a mi con las manos sobre su sexo; no por vergüenza, que seguro la sentía, si no simulando una esposas inexistentes.

Acaricié una de sus nalgas despacio, la agarré, la pellizqué suavemente. Plas.
Fui a la otra, hice lo mismo y de nuevo, plas.
Aquel gesto nos excitó a ambos y agarrando sus cabellos con fuerza nos besamos apasionadamente.


Por primera vez nuestros cuerpos se acercaron tanto que fuimos conscientes de nuestros sexos. El calor de uno, el tamaño del otro.
Su mente se relajó y sus manos fueron a acariciar mi espalda; rápidamente se las bajé, se las estiré con las palmas hacia arriba y utilicé la fusta contra ellas.
- Habías prometido que no se te escaparían las manos inútil.
Zas
- Me suplicaste que no te pusiera esposas, que no serian necesarias. Zas.
- Veo que no puedo confiar en ti.
Zas.
- El deseo.... Balbuceó.
Zas
- El deseo ha de hacerse esperar, solo ganándotelo podrás disfrutar de ello, cuantas veces hemos hablado eso.
Zas.
- Lo siento, se volvió a escuchar con voz entrecortada.
- Se que lo sientes porque has roto dos momentos que deseabas por tu estupidez.
Zas
Me di media vuelta hacia donde estaba mi copa pero aun de espaldas noté como bajó los brazos.
- Nadie te ha dicho que los bajes.
Volvió a subirlos.
Si la ira se escuchara podría oír sus bufidos.

Bebí calmadamente, observando en la distancia.
Al principio su mirada me esquivaba, luego miraba aunque no directamente y finalmente logré ver un gesto de complacencia, una media sonrisa escondida.

Volví a su lado.
- Mira que eres zorra. Cuanto te gusta provocarme.
Lamí sus labios sin permitir ningún gesto de su parte. Cojí sus manos y puse unas esposas...
- Per....
- A callar, ordené, tú has roto tu parte yo rompo la mía.

Puse entre ellas unas cuerdas, hice que fuera hasta la ventana y elevé sus manos sobre su cabeza ayudada por la barra de las cortinas. Sabía que no era muy seguro, pero confiaba que la inmovilización fuera más simulada que necesaria.
Su cabeza se escondía entre las cortinas y más se escondió cuando agarre sus caderas e hice que diera un paso atrás para poner su espléndido culo a mi merced.

Me agaché entre sus piernas; lamí con excitación y gula sus nalgas. Las toqué, las acaricié, las observé como un trofeo largamente esperado y ampliamente conquistado.
Comencé a percibir el olor dulzón del sexo excitado.
Me levanté; mientras mis labios recorrían su espalda, mis manos se colaban entre sus nalgas.
Llevé una de mis manos a su boca y metiendo un dedo entre sus labios ordené.
- Chúpalo.
Uff, claro que chupó.
Chupó como si llevara años sin comer. Chupó con ansia. Chupó con deseo. Chupó como si de aquellos dedos fuera a sacar algún delicioso elixir. Luego los dedos volvieron entre sus nalgas y se empezaron a escuchar sus jadeos.
A cada azote se sucedía una caricia que cada vez adentraba más mis dedos en su cuerpo.
Plas
Y una mano recorría desde sus caderas hasta su ano, abriendo sus nalgas para conseguirlo.
Plas.
Y regalaba el mismo recorrido a la otra nalga.
Plas.
Y el recorrido acababa presionando suavemente su ano.
Plas.
Y lo mismo por el otro lado.
Plas.
Y dos dedos juegan a la entrada de su cuerpo.
Plas.
Plas.
Plas.
Y sus jadeos se elevan y los dedos vuelven al mismo sitio.
Plas.
Su respiración se acelera.
Plas.
Y siguen situados los dos dedos en el mismo sitio como tímidos de entrar.
Y muerde sus labios en un intento de callar.
- Dímelo.
Un “cab...” se ahoga en su boca.
- PÍDEMELO.
- Fóllame. Escucho tímidamente.
- Así no noto el deseo repítelo.
- Fóllame.
- No creo que realmente quieras eso.
- FÓLLAME JODER.
Grita al fin.
- Así sí. Eso es lo que quería oir.
Desato la cuerda, quito las esposas, beso su boca entreabierta y jadeante y coloco sus manos sobre la mesa. Pienso que, aunque sus manos estén libres las necesitará para agarrarse una vez empiece a embestir.
Llevó mis dedos a su boca.
Mirándome a los ojos los lame, escupe sobre ellos dejándolos empapados, desafiándome nuevamente, sonriendo pícaramente.
Plas.
Mis manos comienzan de nuevo el recorrido desde sus caderas al interior de sus nalgas aterrizando en un ano cada vez más receptivo.
Nuestros cuerpos están paralelos. Observo su cara cuando uno de mis dedos comienza a entrar en su cuerpo.
Ahora su boca, entreabierta aparte de jadear, me llama para ser besada. Es complacida, pero vuelvo a separarme cuando comienzo a introducir un segundo dedo. Apenas nada cambia y me encamino a un tercero. Entonces un ligero gesto de dolor asoma y lo calmo con besos y mi cara acariciando la suya y susurrando.
- Ufff me encanta como poco a poco te entregas, como te vas abriendo para darme el placer que deseo.
Como si el dolor desapareciera de repente y a su mente volviera a su objetivo, darme placer, ser complaciente; echa las nalgas hacia atrás para sentir más la penetración y provocarme nuevamente.
- Eso deseo, que obtenga su placer a través de mi cuerpo. CÓJALO.
El énfasis que puso en esa palabra hacia que pareciera un grito, una súplica.
Mis dedos entraron más aprisa; nuestros respectivos sexos delataban la excitación.
El coñito empapado emitiendo ese embriagador aroma dulzón, el pene erecto, salpicando tímidamente sus ganas sobre el suelo.
Nuestras bocas volvieron a encontrarse húmedas, cachondas, entregadas.
- FÓLLAME. Olvidó todo protocolo, toda parafernalia.
Sin dejar de besarnos y con una sola mano voy cogiendo lo que necesito y preparándome.
Apoyo mi cuerpo en la mesa, termino de colocarme insinuante, nos besamos y presionando sobre sus hombros hago que se arrodille.
- Chupa.
- Joder, dice protestando.
- Así entrará mejor.
- Entrará igual de bien.
- Pero mi excitación será mayor y empujaré con más fuerza.
- Ufff eso si.
- Pues deja de hablar y chupa.
Esa visión me ponía muy cachonda. De rodillas, frente a mí, mirándome a los ojos ya no desafiantes si no entregados.
Su excitación era también muy notoria a sí que pedí que se tocara mientras no dejaba de chupar.
Con una mano tocaba su sexo mientras con la otra hacia lo propio conmigo al tiempo que me entregaba su boca.

Ojalá fuera capaz de describir su rostro en ese momento.
Si apenas hacían falta palabras era por tantas conversaciones anteriores, por eso, ahora creía entender lo que sentía  a través de sus ojos.
Sabía que la humillación  de verse así, de rodillas, cumpliendo mis deseos le excitaba.
A mi verle chupando aquella polla de plástico con la que le haría mío me ponía a mil, y eso haría que mi coñito, el ultimo objeto de su deseo, se empapara y, si todo salía como se esperaba, calmaría en el su sed.
Quité el juguete de su boca y levantándolo le arrime mi sexo.
Se tiró a él como si fuera un animal carroñero.
Apenas se percato de mi gesto hundió su cara entre mis piernas, pero la postura no le permitía jugar como deseaba, soltó su propio sexo y llevó sus manos, una a mi culo, como agarrándose a él, y otra a subir el juguete todo lo que podía para, sacando su lengua lo máximo, hacerse con el elixir deseado.
- Dios que rico
- Gracias
- Que rico

Repetía una y otra vez entre lametazo y lametazo.
- Eres un patético perro hambriento.
Más hundió su cabeza restregando toda su cara.
Hice que se levantara. Le besé.
- Me gusta tu sabor.
Reímos y fuimos a  la cama.
Sin decir nada apoyó sus manos en ella quedándose a cuatro patas.
- No
Le agarré y con un nuevo beso, azoté su culo y lo acaricié.
Fui a su oído y susurrando.
- Te quiero boca arriba, quiero verte jadear como el perro que eres mientras te folló, quiero sentir tus huevos a punto de reventar, quiero ver tu polla babeando, quiero escuchar como pides más.
Me agarró apasionado, cachondo como el perro que se sentía, besándome. Comenzó a recorrer mi cuerpo con sus manos. Se que en el guión de la obra decía que tenía que pararlo. Pero no éramos actores.
Éramos dos personas excitadas, deseosas de descubrirnos y el deseo había podido con las normas, hasta que su polla rozó mi arnés y al tiempo que le excito le devolvió al papel que debía representar y, sumiso, pidió perdón tumbándose en la cama boca arriba como le había pedido y cerrando los ojos como si el no ver le fuera a evitar el dolor que sentiría, elevo sus piernas dispuesto a ser follado.
Escupí sobre su ano, me arrodillé entre sus piernas y lamí. La sorpresa debió ser tal que el grito de gozo ejerció como resorte de mi sexo e hizo que me empapara hasta tener la sensación de que comenzaría a mojar el suelo.
Levantó la cabeza y pude ver su sonrisa asomando entre sus piernas elevadas y abiertas.
Mi mano fué a su sexo y comenzó a acariciarlo bajando poco a poco a los testículos que apreté con fuerza haciendo que levantara más la cabeza.
Busqué su aprobación con la mirada y un "más" sin sonido dibujo su boca.
Agarré más fuerte.
- Perro, eres un puro perro cachondo.
Movía las caderas como si algo estuviera penetrando su ano.
Me levanté y masturbábamos coloque el arnés frente a su culo presionando levemente.
Iba de su polla a sus huevos, acariciándolos fuerte sin dejar de presionar su ano.
Movía el culo buscando más a si que, solté su sexo y agarrando sus piernas comencé a presionar más fuerte clavándole centímetro a centímetro mi juguete y en cada centímetro sintiendo más su entrega.
No dejábamos de mirarnos a la cara. Ambos nos mordíamos los labios quizás por el reprimido deseo de besarnos.
 

Cuando el juguete hubo entrado totalmente en el,  volví a acariciar su sexo, a apretarlo, moviendo suavemente las caderas hasta que sus jadeos fueron pidiendo que acelerara el ritmo.
Así estuvimos hasta que me pareció que iba a correrse que pare los movimientos.
Suplicó.
- Sigue.
Pero me negué. Tenía claro lo que quería y no era que se corriera así. De todas formas, ahora que nadie se entera, yo también estaba al borde del orgasmo y quería seguir disfrutando de esa sensación.
Sin salir de su cuerpo seguí acariciando su sexo, mirándole a los ojos, intentando leer en ellos si se estaban cumpliendo sus deseos. Intentando adivinar que podía hacer para sacar esa entrega que ambos deseábamos.

Apenas un minuto de calma dio paso al siguiente capítulo de nuestro encuentro.
Poco a poco me fui separando. Llevó sus manos a mis caderas como intentando evitarlo. Casi al mismo tiempo se dio cuenta de su error. Le di sendas palmadas reprimiéndole, y, con esa sonrisa de picara cabrona que dicen me caracteriza, las agarré pasándolas por mi cuerpo.
- Confieso que a veces me encanta que me desobedezcas.
Libre ya totalmente utilizó esas palabras para tirarse a mi acariciando y besándome. Unió nuestros pechos restregándose, bajó sus manos a mis nalgas, las separó intentando hacerse con la humedad de mi sexo. Al ver que no podía me tumbo boca arriba y sin parar de besarme comenzó a acariciarme gozando de lo que era para él una forma más de entregarse a su función. Darme placer.
Elevó el ritmo y presionó mis caderas contra la cama para evitar los movimientos dirigiendo su ritmo, entonces, riéndome, le regañe, tirándole a la cama.
- ¿No crees que te estás pasando de mandón?
Me besó para callarme.
- Deja que siga acariciándote por favor.
Me puse paralela a el, mirándole a los ojos, llevé mis manos entre sus piernas, el me correspondió. Volvió a acariciarme, esta vez despacio, fue llevando su boca a mis pechos, y mirándome a los ojos los lamió, sabiendo como me excitaba cualquier contacto con ellos.
Apreté sus testículos con fuerza.
- ¿Paro? Me preguntó extrañado
- No, lo que te digo es que me quedo con ellos en la mano si lo haces.
Escuché una carcajada que me sonó a música celestial.
- ¿Te he dicho que me encanta tu sutileza? Dijo irónico.
Plas
- ¿Te he dicho que te estás pasando? Contesté en el mismo tono.
Algo tocó en ese momento que comencé a jadear. El me observaba absorto, concentrado en seguir moviéndose de la misma manera ya que parecía haber encontrado el botón mágico. Cuando me cansé le tiré sobre la cama y me puse sobre el clavándome poco a poco hasta que no quedaba nada de su sexo al aire.
Me tumbé sobre su cuerpo apretando mis músculos sobre su polla, mis caderas contra su cuerpo y mi boca contra la suya.
Tras esos primeros segundos de calma, me puse en cuclillas y comencé a follarme pellizcando sus pezones, presionando sus hombros contra la cama, agarrándome a su pelo, follándome cada vez más deprisa.
El estaba quieto, dejándose hacer, hasta que no pudo controlarse más y sus caderas empezaron a moverse enloquecidas buscándome.
Mi cuerpo se retorció para que mis manos buscaran sus testículos, presionándolos nuevamente. Comenzó a gritar excitado. Pensé que se correría y le advertí que no debía hacerlo.
- No, no, aun no me corro, se lo que debo hacer en ese momento, tranquila. Me dijo llevando mi cuerpo hacia el suyo para besarme, lo que hizo que bajáramos el ritmo pero que lo cambiáramos por un momento cargado de pasión. El aprovechó la cercanía de nuestros cuerpos para recorrerme despacio.
Sonreí.
- No era una promesa y necesito sentirte.
- No he dicho nada
- Pero lo has pensado y ya ibas a darme un azote.
- No necesito escusas para eso.
Plas.
Suavemente comienzo a azotarle, despacio, en unos movimientos cargados de erotismo, pero a cada una de esas palmadas el lleva sus caderas fuerte hacia mi, como si con ellas ejerciera presión sobre su cuerpo.
Sus manos no dejan de recorrerme, de la misma manera calmada en que le azoto hasta que, no se muy bien porqué la pasión se descontrola y comienzo de nuevo a fóllale como poseída.
Llevó sus manos a mi pecho haciendo que presione levemente.
Mis jadeos me delatan y comienza a gritar pidiendo mi orgasmo.
Cierro los ojos, continuo mis movimientos, grito, me agarro a su pecho, le tomo con mis músculos, me muevo enloquecida.

- Ahhhhh
No es solo el grito el que delata mi orgasmo, su polla empapada también sabe algo de eso.
Me levanto un poco, acaricio mi sexo empapado y llevo los dedos a su boca.
En ese momento el mundo de paraliza para el.
Coge mi mano y despacio me mira a los ojos, saca la lengua y guiando el movimiento de mi mano la coloca sobre ella. Como si lengua y dedos de hubieran quedado pegados mis dedos se esconden entre sus labios y siento como los acaricia. Cierra suavemente los ojos como si privarse de la visión le fuera ayudar a degustar mejor.
Mis movimientos sobre sus caderas no han parado, aunque son suaves, mi mano vuelve a sus testículos, y una presión sobre ellos le saca del momento de ensueño en el que esta degustando mi sabor para llevarle a la realidad de estar siendo follado, de que su sexo esta a punto de reventar y que cada roce en sus testículos es una pequeña tortura ya que siente que no puede más.
- Me voy a correr Ama, no puedo más.
Sabe que ese Ama no es necesario, pero así lo siente, y me encanta cuando le sale de forma tan natural.
Descabalgo de su cuerpo pero rápidamente mis manos sustituyen a mi sexo. Me tumbo de lado, se coloca de rodillas en la cama y pidiendo permiso con la mirada lleva la mano que le sobre entre mis piernas mientras entre los dos motivamos a su sexo a que descargue sobre mi pecho.
No tarda en hacerlo, echando la cabeza hacia atrás, sin ver donde está cayendo su leche. Soy yo la que lo hago caer sobre mi pecho, como tantas veces hemos fantaseado.
Abre los ojos cuando da por finalizada su corrida y se queda observando  como la extiendo sobre mi pecho.
Su mano continúa agarrando su sexo y cuando mi boca se acerca a besarlo agradeciendo el placer proporcionado, me lo ofrece entregado.

Dejo mi cuerpo caer sobre la cama en un exagerado desfallecimiento, se acerca a mi boca regalándome un largo beso.
- Gracias.
Descansa su cabeza sobre mi pecho, mis dedos de enredan en su pelo, el silencio invade todo el hueco que no llenan los pensamientos.
Se que ambos estamos recapacitando, asimilando lo que acabamos de vivir, si es que un momento tan largamente esperado se puede asimilar en unos minutos.
Levanta la cabeza.
- ¿Puedo ama?
Dice sin más.
Yo se qué desea, no necesito que diga mas, y si, se lo ha ganado.
- Si
Contesto escueta.
Ansioso coloca la cabeza sobre mi cabera derecha y comienza a hundir suavemente sus dedos en mi sexo, acariciándolo y adorándolo como tantas veces había deseado.
Como si ese gesto le devolviera a la vida, al tiempo que me acaricia comienza a hablar sin parar. Entonces, de manera inconsciente pero muy real, a través de sus palabras empieza a entregarme esa parte de su alma que, diga lo que diga, había permanecido guardada entre candados hasta entonces.
Se lo había dicho, no tengo prisa, serás mío, y en ese momento, en ese preciso instante, lo estaba siendo.