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miércoles, 8 de julio de 2015

UNA TARDE DE BI-CIO por Utópica

Me excitaba muchísimo la idea de follarle en público. Saber que nos miraban mientras abría su precioso culito y me regalaba una de sus sonrisas provocadoras. 
Ese pensamiento me fue acompañando a lo largo del día, de manera que, cuando le vi ya estaba excitada.
En esas circunstancias entramos al local y tras unos largos preliminares que no voy a entrar a detallar, entramos en una habitación. 
Las grandes cristaleras serían mis aliadas. Cerré la puerta, pero abrí bien las cortinas para asegurarme ser vistos.

Comenzamos a besarnos, acariciarnos, tocarnos....
La gente pasaba y miraba. Éramos una pareja más hasta que pedí que sacaras tu juguete. Entonces te abriste de piernas y empecé a jugar con tu culito. 
La gente que miraba, ya lo hacia de otra manera.
Miraba dos veces, supongo que queriendo ver si era verdad lo que veían.
¿Un chico abierto de piernas mientras su chica jugaba con su culito?
Espera.
¿En serio?
No.
No meter un dedito.
No jugar con su ano.
No.
Follarle, y bien fuerte con aquel dilbo vibrador que tu mismo te habías regalado.
Una pareja se paró. No dejaban de mirar tras el cristal.
Yo cada vez te follaba más fuerte. Primero porque cada vez gemías más y segundo por que quería que, cuando abriera la puerta, quien entrara lo hiciera sabiendo lo que había.
Antes de que nos diéramos cuenta la puerta se abrió y la pareja entró poniéndose detrás de mi, con lo que yo no los veía. Te miré, aun con más atención , buscando en tus gemidos, en tu mirada, una aprobación. La vi y permití que aquello siguiera su curso.
- Dame el arnés- Te dije al oído....
Me lo coloqué sin apartar mi mirada de ti. El chico me ayudo a tensarlo. Veía, sentía que observaban cada movimiento. Te pedí que te pusieras a 4 patas, la chica se tumbo junto a ti y de nuevo te penetré, pero esta vez directamente con el arnés.
Te escuchaba gemir a cada embestida. Esos grititos que me vuelven loca. 
Guiaste a la chica a que colocara su coñito a la altura de tu boca y la colocaste sobre ella. Y digo bien, colocaste tu boca sobre ella, no la comiste, porque no se si realmente empezaste a comerla el coño o solamente con la inercia de mis embestidas llegabas a el.
El chico seguía tras de mi y, de alguna manera encontró hueco entre las cinchas del arnés para meter sus dedos dentro de mi coño.

- Quiero follarle, me dijo.
- Es una buena zorra, no imaginas como menea el culito en cuanto siente algo arrimarse.
- Mmmm, mira cariño. Quiere follarte- Te dije al oído- ¿Quieres? A mi me encantaría verlo, ver como se follan a mi puta.
- Siiii.
Fue tu escueta pero contundente respuesta apartando un segundo tu boca del coño de la chica.
Entonces sentí como el chico buscaba mi coño para follarme. Pensé... Quizás me he confundido y ha dicho que quiere follarme a mi. Pero su polla no acababa de entrar y fue en busca de la boca de aquella chica que se notaba no era su chica. Unos segundos después , sin dejar de tocarle, le guié hacia tu boca. Ver con que excitación la abrías para recibir aquella polla que sabias iba a follarme me hacia embestirte aun más fuerte; y más fuerte te embestí cuando la polla salió de tu boca para entrar definitivamente en mi coño.
Sentía como al ser follada la fuerza de ambos entraba en ti.
Te hablaba. No recuerdo bien que te decía, pero algo sobre la fuerza de aquella polla, y sobre que serias el siguiente en sentirla dentro de ti. No estuvo mucho follándome. No creo que fuera yo su objetivo, y no me extraña. Estabas más que deseable a cuatro patas y jadeando de aquella manera.
Aparté mis caderas de tu culo dejando paso a aquella polla, más o menos del mismo tamaño que mi arnés.
Se agarró a tus caderas y empezó a follarte mientras yo, a tu lado, hablaba a tu oído.
Dejaste el coño de lado para besarme una y otra vez, jadeando como la perra que te sentías hasta que nuestro amigo se corrió.
Cuando se fueron nos cogimos un pequeño descanso comentando lo ocurrido, pero esta vez con la puerta abierta de par en par, para recuperarnos del intenso calor.
Yo estaba boca arriba, de cara a la puerta, y cada vez que se asomaba un chico, una sola mirada mientras me acariciaba la "polla" bastaba para disuadirles para que no entraran.
El descanso duró poco. Rápido comenzamos de nuevo a besarnos y tocarnos cuando un nuevo chico asomó su cabeza, solo que esta vez, verme acariciar el arnés, no solo no le disuadió, si no que le animó a entrar.
Te pedí que me follaras mientras yo seguía boca arriba sin dejar de acariciar aquella polla de plástico.
Nuestro nuevo amigo se subió a la cama y se colocó junto a mi, restregando su polla contra mi pecho. Yo le dejaba hacer pero estaba pendiente de ti, de tus embestidas, de tu cara mientras me follabas y veías como aquella polla se acercaba cada vez más a mi.
Me besaste y la polla se arrimó más.
- Vamos a comerle la polla entre los dos cariño.
Y así hicimos. Mamársela a medias mientras me follabas.
Que morbazo. 
Sentía tu polla dura como una piedra dentro de mi, dándole cada vez más fuerte cuanto más dura se ponia la polla de nuestro amigo, ya solo en tu boca, al tiempo que no dejaba de susurrarte al oído cuanto me gustaba verte tan puta, comiendo con tanta ansia aquella polla. 
 Sentí una nueva mano en mi pierna, otro chico había entrado, las manos iban y venían por mi cuerpo, pero mi excitación venia solo de ti, de sentir como me embestias excitado con su polla en tu boca, polla que mamabas con muchísimo gusto.
Te corriste casi sin darme cuenta, con tus temidos ahogados sobre aquella polla.
Entonces solo desee quedarnos solos, acariciarte y besarte calmadamente agradeciéndote la tarde de lujuria que me habías regalado.

jueves, 26 de marzo de 2015

EL MORBO GANÓ por Utópica


No sabía que me ocurría. Es verdad que mi estado natural  estanir cachondo, pero aquel día lo estaba especialmente; sentía que era capaz de todo.
Quizás lo que había disparado aun más mi lívido, ya de por si disparada, había sido la visión del escote de mi vecina del quinto en el ascensor.
Cuando se abrió la puerta y la vi, no pude evitar llevar mi mirada a sus pechos. Ella me sonrió provocadora, sabiéndose deseada; quizás tambien excitada de ver el deseo que provocaba.
Eso había ocurrido por la mañana y entre medias había trascurrido una larga jornada de trabajo, pero aún se me levantaba al recordarlo.
Con Alicia en mi pensamiento pase al baño de la estación de metro, sin darme apenas cuenta de que en lugar de agarrar mi polla, casi la acariciaba.
Fue entonces cuando  vi a mi vecino de baño observando mi polla erecta y sonriendo.
Un tío alto, como yo, al que por supuesto no había visto en mi vida.
Ambos sonreímos y seguimos mirando al frente pero intuyendo una sonrisa en la boca de mi vecino. Noté que volvía a mirar mi polla y me volvía a mirar a mi. Otra sonrisa, esta vez acompañada de un gesto pidiendo permiso. No contesté, pero mi sonrisa nerviosa debió parecerle un si, porque a continuación note como su mano me acariciaba, pero antes de poder decirle que no, que estaba en un error, que yo era hetero, mi polla se puso como un palo.


Le deje hacer y dos minutos después, mi mano fue hacia sus huevos.
La puerta nos asusto y nos soltamos. Corrí a encerrarme en el water. Mi cabeza daba vueltas. ¡Que coño había hecho!!! ¿Como había acabado  dejando que un tío me tocara la polla? Es verdad que, a veces, se me pasaba por la mente cuando estaba muy cerdo, pero, joder... No me gustaban los hombres.
Escuchaba nervioso esperando que el inesperado visitante saliera convencido de que mi vecino de urinario había salido ya.
La verdad es que había disfrutado. Volver a revivirlo hizo que se me volviera a poner tiesa. Me gustaba sentirme así de cerdo. Era como un bucle. Cuanto mas cerdo me sentía más me excitaba, y cuanto más me excitaba, más cerdo me sentía y cosas más fuertes me apetecía hacer. Por fin escuche la puerta y me decidí a salir.
- Déjame pasar
- Pe, pe pe.. ¿No te habías ido?
- No, me ha encantado tu polla, no me iba a ir sin al menos intentar comértela .



No tengo un recuerdo muy claro de que pasó después, pero, unos segundos después estaba de rodillas frente a mi, con toda mi polla dentro de su boca. De vez en cuando me decía lo guarros que éramos y eso me excitaba. Agarré su cabeza y echó las manos atrás, como dándome permiso para follarle la boca. Ahora recuerdo que actué casi con brutalidad y sentía que eso le ponía aun mas cachondo. Pedía más. Gritaba pidiendo leche. Volvimos a escuchar la puerta y me paré. Me hizo un gesto de silencio y volvió a meterse mi polla en la boca. Vocalizó dà-me-la. El inesperado visitante hizo que me pusiera más cachondo y la cara de cerdo de mi nuevo amigo  hicieron que no pudiera más y regara su cara. Se levantó, se limpió la cara, y me susurro al oído... Si no fuera porque tambien soy hetero te pedía que me follaras el culo.
Me guiñó un ojo y se fue.
Volví a la realidad lo justo para decidir esperar un buen rato antes de salir. Me moría de vergüenza, pero lo cierto es que esa fue una de las experiencias más morbosas de mi vida.
Soy hetero, sigo siendo hetero; pero soy un cerdo, y eso, ni puedo ni quiero evitarlo.


P.d. Este relato sale de largas conversaciones a las tantas de la madrugada. Si esto no es complicidad, querido amigo, no se donde buscarla.

sábado, 24 de agosto de 2013

MI DESEO por Utópica



Estábamos de pié junto a la barra. Sutilmente mi mano acariciaba de cuando en cuando su nalga, suave, como casualmente, sin llamar la atención de la numerosa clientela; como si ese movimiento formara parte de la conversación, pero con el, empecé a tomar contacto con el objeto de mi deseo.


El resto del mundo no era consciente, pero nosotros sí, nosotros sabíamos cuanto deseaba esa parte específica de su cuerpo. Para el resto los movimientos eran casuales, para nosotros aquellos movimientos tenían un significado, eran la manera de empezar nuestro juego, de acercarnos a nuestras fantasías, de cumplir nuestros deseos.

Tras una charla no demasiado larga, acompañada de unas cañas, salimos del bar dirigiéndonos a los apartamentos que serian testigo de nuestro juego.

Entró antes que yo en el ascensor y me dio la ventaja suficiente para, bruscamente, pegar su cuerpo a la pared frontal, abrir levemente sus piernas al tiempo que mi lengua lamió tras su oreja, y mi mano se coló entre sus nalgas acariciando desde atrás, pasando entre sus muslos y llegando a palpar su sexo en un gesto despectivo con el que comprobé  mi conformidad con él. Casi cuando el ascensor llegaba a su destino mi mano había pasado a colocarse en sus caderas haciendo el gesto de follarlas.

Nada más cruzar el umbral de la puerta, una simple mirada bastó para que se arrodillara y yo hundiera su cabeza entre mis piernas permitiendo que se impregnara de mi olor. Pequeños jadeos de conformidad salieron de su boca mientras mis manos jugaban con su pelo y yo disfrutaba de su cara de deseo, de felicidad, de entrega.

Una de sus manos quiso acercarse a mi sexo pero un fustazo se lo impidió.
Zas
Con una mirada de sorpresa pregunto:
- ¿Cuando la ha sacado?
Me eché a reír burlándome.
- Jajajaja siempre ha estado conmigo.
- Desnúdate -ordené una vez roto el mágico momento de su encuentro con mi sexo.

 


Entretanto hicieron aparición unas cuerdas, unos juguetes, cremas: que fueron cuidadosamente colocados sin que mi mirada se apartara de la suya.
Miró desconfiadamente, pero un atisbo de sonrisa en su cara de susto me confirmó que confiaba en mi.
Saqué un tanga y se lo tendí.
- Nooo, me dijo suplicante.
- SI, fue mi contestación autoritaria.
Con cara avergonzada se lo puso y vino a mi con las manos sobre su sexo; no por vergüenza, que seguro la sentía, si no simulando una esposas inexistentes.

Acaricié una de sus nalgas despacio, la agarré, la pellizqué suavemente. Plas.
Fui a la otra, hice lo mismo y de nuevo, plas.
Aquel gesto nos excitó a ambos y agarrando sus cabellos con fuerza nos besamos apasionadamente.


Por primera vez nuestros cuerpos se acercaron tanto que fuimos conscientes de nuestros sexos. El calor de uno, el tamaño del otro.
Su mente se relajó y sus manos fueron a acariciar mi espalda; rápidamente se las bajé, se las estiré con las palmas hacia arriba y utilicé la fusta contra ellas.
- Habías prometido que no se te escaparían las manos inútil.
Zas
- Me suplicaste que no te pusiera esposas, que no serian necesarias. Zas.
- Veo que no puedo confiar en ti.
Zas.
- El deseo.... Balbuceó.
Zas
- El deseo ha de hacerse esperar, solo ganándotelo podrás disfrutar de ello, cuantas veces hemos hablado eso.
Zas.
- Lo siento, se volvió a escuchar con voz entrecortada.
- Se que lo sientes porque has roto dos momentos que deseabas por tu estupidez.
Zas
Me di media vuelta hacia donde estaba mi copa pero aun de espaldas noté como bajó los brazos.
- Nadie te ha dicho que los bajes.
Volvió a subirlos.
Si la ira se escuchara podría oír sus bufidos.

Bebí calmadamente, observando en la distancia.
Al principio su mirada me esquivaba, luego miraba aunque no directamente y finalmente logré ver un gesto de complacencia, una media sonrisa escondida.

Volví a su lado.
- Mira que eres zorra. Cuanto te gusta provocarme.
Lamí sus labios sin permitir ningún gesto de su parte. Cojí sus manos y puse unas esposas...
- Per....
- A callar, ordené, tú has roto tu parte yo rompo la mía.

Puse entre ellas unas cuerdas, hice que fuera hasta la ventana y elevé sus manos sobre su cabeza ayudada por la barra de las cortinas. Sabía que no era muy seguro, pero confiaba que la inmovilización fuera más simulada que necesaria.
Su cabeza se escondía entre las cortinas y más se escondió cuando agarre sus caderas e hice que diera un paso atrás para poner su espléndido culo a mi merced.

Me agaché entre sus piernas; lamí con excitación y gula sus nalgas. Las toqué, las acaricié, las observé como un trofeo largamente esperado y ampliamente conquistado.
Comencé a percibir el olor dulzón del sexo excitado.
Me levanté; mientras mis labios recorrían su espalda, mis manos se colaban entre sus nalgas.
Llevé una de mis manos a su boca y metiendo un dedo entre sus labios ordené.
- Chúpalo.
Uff, claro que chupó.
Chupó como si llevara años sin comer. Chupó con ansia. Chupó con deseo. Chupó como si de aquellos dedos fuera a sacar algún delicioso elixir. Luego los dedos volvieron entre sus nalgas y se empezaron a escuchar sus jadeos.
A cada azote se sucedía una caricia que cada vez adentraba más mis dedos en su cuerpo.
Plas
Y una mano recorría desde sus caderas hasta su ano, abriendo sus nalgas para conseguirlo.
Plas.
Y regalaba el mismo recorrido a la otra nalga.
Plas.
Y el recorrido acababa presionando suavemente su ano.
Plas.
Y lo mismo por el otro lado.
Plas.
Y dos dedos juegan a la entrada de su cuerpo.
Plas.
Plas.
Plas.
Y sus jadeos se elevan y los dedos vuelven al mismo sitio.
Plas.
Su respiración se acelera.
Plas.
Y siguen situados los dos dedos en el mismo sitio como tímidos de entrar.
Y muerde sus labios en un intento de callar.
- Dímelo.
Un “cab...” se ahoga en su boca.
- PÍDEMELO.
- Fóllame. Escucho tímidamente.
- Así no noto el deseo repítelo.
- Fóllame.
- No creo que realmente quieras eso.
- FÓLLAME JODER.
Grita al fin.
- Así sí. Eso es lo que quería oir.
Desato la cuerda, quito las esposas, beso su boca entreabierta y jadeante y coloco sus manos sobre la mesa. Pienso que, aunque sus manos estén libres las necesitará para agarrarse una vez empiece a embestir.
Llevó mis dedos a su boca.
Mirándome a los ojos los lame, escupe sobre ellos dejándolos empapados, desafiándome nuevamente, sonriendo pícaramente.
Plas.
Mis manos comienzan de nuevo el recorrido desde sus caderas al interior de sus nalgas aterrizando en un ano cada vez más receptivo.
Nuestros cuerpos están paralelos. Observo su cara cuando uno de mis dedos comienza a entrar en su cuerpo.
Ahora su boca, entreabierta aparte de jadear, me llama para ser besada. Es complacida, pero vuelvo a separarme cuando comienzo a introducir un segundo dedo. Apenas nada cambia y me encamino a un tercero. Entonces un ligero gesto de dolor asoma y lo calmo con besos y mi cara acariciando la suya y susurrando.
- Ufff me encanta como poco a poco te entregas, como te vas abriendo para darme el placer que deseo.
Como si el dolor desapareciera de repente y a su mente volviera a su objetivo, darme placer, ser complaciente; echa las nalgas hacia atrás para sentir más la penetración y provocarme nuevamente.
- Eso deseo, que obtenga su placer a través de mi cuerpo. CÓJALO.
El énfasis que puso en esa palabra hacia que pareciera un grito, una súplica.
Mis dedos entraron más aprisa; nuestros respectivos sexos delataban la excitación.
El coñito empapado emitiendo ese embriagador aroma dulzón, el pene erecto, salpicando tímidamente sus ganas sobre el suelo.
Nuestras bocas volvieron a encontrarse húmedas, cachondas, entregadas.
- FÓLLAME. Olvidó todo protocolo, toda parafernalia.
Sin dejar de besarnos y con una sola mano voy cogiendo lo que necesito y preparándome.
Apoyo mi cuerpo en la mesa, termino de colocarme insinuante, nos besamos y presionando sobre sus hombros hago que se arrodille.
- Chupa.
- Joder, dice protestando.
- Así entrará mejor.
- Entrará igual de bien.
- Pero mi excitación será mayor y empujaré con más fuerza.
- Ufff eso si.
- Pues deja de hablar y chupa.
Esa visión me ponía muy cachonda. De rodillas, frente a mí, mirándome a los ojos ya no desafiantes si no entregados.
Su excitación era también muy notoria a sí que pedí que se tocara mientras no dejaba de chupar.
Con una mano tocaba su sexo mientras con la otra hacia lo propio conmigo al tiempo que me entregaba su boca.

Ojalá fuera capaz de describir su rostro en ese momento.
Si apenas hacían falta palabras era por tantas conversaciones anteriores, por eso, ahora creía entender lo que sentía  a través de sus ojos.
Sabía que la humillación  de verse así, de rodillas, cumpliendo mis deseos le excitaba.
A mi verle chupando aquella polla de plástico con la que le haría mío me ponía a mil, y eso haría que mi coñito, el ultimo objeto de su deseo, se empapara y, si todo salía como se esperaba, calmaría en el su sed.
Quité el juguete de su boca y levantándolo le arrime mi sexo.
Se tiró a él como si fuera un animal carroñero.
Apenas se percato de mi gesto hundió su cara entre mis piernas, pero la postura no le permitía jugar como deseaba, soltó su propio sexo y llevó sus manos, una a mi culo, como agarrándose a él, y otra a subir el juguete todo lo que podía para, sacando su lengua lo máximo, hacerse con el elixir deseado.
- Dios que rico
- Gracias
- Que rico

Repetía una y otra vez entre lametazo y lametazo.
- Eres un patético perro hambriento.
Más hundió su cabeza restregando toda su cara.
Hice que se levantara. Le besé.
- Me gusta tu sabor.
Reímos y fuimos a  la cama.
Sin decir nada apoyó sus manos en ella quedándose a cuatro patas.
- No
Le agarré y con un nuevo beso, azoté su culo y lo acaricié.
Fui a su oído y susurrando.
- Te quiero boca arriba, quiero verte jadear como el perro que eres mientras te folló, quiero sentir tus huevos a punto de reventar, quiero ver tu polla babeando, quiero escuchar como pides más.
Me agarró apasionado, cachondo como el perro que se sentía, besándome. Comenzó a recorrer mi cuerpo con sus manos. Se que en el guión de la obra decía que tenía que pararlo. Pero no éramos actores.
Éramos dos personas excitadas, deseosas de descubrirnos y el deseo había podido con las normas, hasta que su polla rozó mi arnés y al tiempo que le excito le devolvió al papel que debía representar y, sumiso, pidió perdón tumbándose en la cama boca arriba como le había pedido y cerrando los ojos como si el no ver le fuera a evitar el dolor que sentiría, elevo sus piernas dispuesto a ser follado.
Escupí sobre su ano, me arrodillé entre sus piernas y lamí. La sorpresa debió ser tal que el grito de gozo ejerció como resorte de mi sexo e hizo que me empapara hasta tener la sensación de que comenzaría a mojar el suelo.
Levantó la cabeza y pude ver su sonrisa asomando entre sus piernas elevadas y abiertas.
Mi mano fué a su sexo y comenzó a acariciarlo bajando poco a poco a los testículos que apreté con fuerza haciendo que levantara más la cabeza.
Busqué su aprobación con la mirada y un "más" sin sonido dibujo su boca.
Agarré más fuerte.
- Perro, eres un puro perro cachondo.
Movía las caderas como si algo estuviera penetrando su ano.
Me levanté y masturbábamos coloque el arnés frente a su culo presionando levemente.
Iba de su polla a sus huevos, acariciándolos fuerte sin dejar de presionar su ano.
Movía el culo buscando más a si que, solté su sexo y agarrando sus piernas comencé a presionar más fuerte clavándole centímetro a centímetro mi juguete y en cada centímetro sintiendo más su entrega.
No dejábamos de mirarnos a la cara. Ambos nos mordíamos los labios quizás por el reprimido deseo de besarnos.
 

Cuando el juguete hubo entrado totalmente en el,  volví a acariciar su sexo, a apretarlo, moviendo suavemente las caderas hasta que sus jadeos fueron pidiendo que acelerara el ritmo.
Así estuvimos hasta que me pareció que iba a correrse que pare los movimientos.
Suplicó.
- Sigue.
Pero me negué. Tenía claro lo que quería y no era que se corriera así. De todas formas, ahora que nadie se entera, yo también estaba al borde del orgasmo y quería seguir disfrutando de esa sensación.
Sin salir de su cuerpo seguí acariciando su sexo, mirándole a los ojos, intentando leer en ellos si se estaban cumpliendo sus deseos. Intentando adivinar que podía hacer para sacar esa entrega que ambos deseábamos.

Apenas un minuto de calma dio paso al siguiente capítulo de nuestro encuentro.
Poco a poco me fui separando. Llevó sus manos a mis caderas como intentando evitarlo. Casi al mismo tiempo se dio cuenta de su error. Le di sendas palmadas reprimiéndole, y, con esa sonrisa de picara cabrona que dicen me caracteriza, las agarré pasándolas por mi cuerpo.
- Confieso que a veces me encanta que me desobedezcas.
Libre ya totalmente utilizó esas palabras para tirarse a mi acariciando y besándome. Unió nuestros pechos restregándose, bajó sus manos a mis nalgas, las separó intentando hacerse con la humedad de mi sexo. Al ver que no podía me tumbo boca arriba y sin parar de besarme comenzó a acariciarme gozando de lo que era para él una forma más de entregarse a su función. Darme placer.
Elevó el ritmo y presionó mis caderas contra la cama para evitar los movimientos dirigiendo su ritmo, entonces, riéndome, le regañe, tirándole a la cama.
- ¿No crees que te estás pasando de mandón?
Me besó para callarme.
- Deja que siga acariciándote por favor.
Me puse paralela a el, mirándole a los ojos, llevé mis manos entre sus piernas, el me correspondió. Volvió a acariciarme, esta vez despacio, fue llevando su boca a mis pechos, y mirándome a los ojos los lamió, sabiendo como me excitaba cualquier contacto con ellos.
Apreté sus testículos con fuerza.
- ¿Paro? Me preguntó extrañado
- No, lo que te digo es que me quedo con ellos en la mano si lo haces.
Escuché una carcajada que me sonó a música celestial.
- ¿Te he dicho que me encanta tu sutileza? Dijo irónico.
Plas
- ¿Te he dicho que te estás pasando? Contesté en el mismo tono.
Algo tocó en ese momento que comencé a jadear. El me observaba absorto, concentrado en seguir moviéndose de la misma manera ya que parecía haber encontrado el botón mágico. Cuando me cansé le tiré sobre la cama y me puse sobre el clavándome poco a poco hasta que no quedaba nada de su sexo al aire.
Me tumbé sobre su cuerpo apretando mis músculos sobre su polla, mis caderas contra su cuerpo y mi boca contra la suya.
Tras esos primeros segundos de calma, me puse en cuclillas y comencé a follarme pellizcando sus pezones, presionando sus hombros contra la cama, agarrándome a su pelo, follándome cada vez más deprisa.
El estaba quieto, dejándose hacer, hasta que no pudo controlarse más y sus caderas empezaron a moverse enloquecidas buscándome.
Mi cuerpo se retorció para que mis manos buscaran sus testículos, presionándolos nuevamente. Comenzó a gritar excitado. Pensé que se correría y le advertí que no debía hacerlo.
- No, no, aun no me corro, se lo que debo hacer en ese momento, tranquila. Me dijo llevando mi cuerpo hacia el suyo para besarme, lo que hizo que bajáramos el ritmo pero que lo cambiáramos por un momento cargado de pasión. El aprovechó la cercanía de nuestros cuerpos para recorrerme despacio.
Sonreí.
- No era una promesa y necesito sentirte.
- No he dicho nada
- Pero lo has pensado y ya ibas a darme un azote.
- No necesito escusas para eso.
Plas.
Suavemente comienzo a azotarle, despacio, en unos movimientos cargados de erotismo, pero a cada una de esas palmadas el lleva sus caderas fuerte hacia mi, como si con ellas ejerciera presión sobre su cuerpo.
Sus manos no dejan de recorrerme, de la misma manera calmada en que le azoto hasta que, no se muy bien porqué la pasión se descontrola y comienzo de nuevo a fóllale como poseída.
Llevó sus manos a mi pecho haciendo que presione levemente.
Mis jadeos me delatan y comienza a gritar pidiendo mi orgasmo.
Cierro los ojos, continuo mis movimientos, grito, me agarro a su pecho, le tomo con mis músculos, me muevo enloquecida.

- Ahhhhh
No es solo el grito el que delata mi orgasmo, su polla empapada también sabe algo de eso.
Me levanto un poco, acaricio mi sexo empapado y llevo los dedos a su boca.
En ese momento el mundo de paraliza para el.
Coge mi mano y despacio me mira a los ojos, saca la lengua y guiando el movimiento de mi mano la coloca sobre ella. Como si lengua y dedos de hubieran quedado pegados mis dedos se esconden entre sus labios y siento como los acaricia. Cierra suavemente los ojos como si privarse de la visión le fuera ayudar a degustar mejor.
Mis movimientos sobre sus caderas no han parado, aunque son suaves, mi mano vuelve a sus testículos, y una presión sobre ellos le saca del momento de ensueño en el que esta degustando mi sabor para llevarle a la realidad de estar siendo follado, de que su sexo esta a punto de reventar y que cada roce en sus testículos es una pequeña tortura ya que siente que no puede más.
- Me voy a correr Ama, no puedo más.
Sabe que ese Ama no es necesario, pero así lo siente, y me encanta cuando le sale de forma tan natural.
Descabalgo de su cuerpo pero rápidamente mis manos sustituyen a mi sexo. Me tumbo de lado, se coloca de rodillas en la cama y pidiendo permiso con la mirada lleva la mano que le sobre entre mis piernas mientras entre los dos motivamos a su sexo a que descargue sobre mi pecho.
No tarda en hacerlo, echando la cabeza hacia atrás, sin ver donde está cayendo su leche. Soy yo la que lo hago caer sobre mi pecho, como tantas veces hemos fantaseado.
Abre los ojos cuando da por finalizada su corrida y se queda observando  como la extiendo sobre mi pecho.
Su mano continúa agarrando su sexo y cuando mi boca se acerca a besarlo agradeciendo el placer proporcionado, me lo ofrece entregado.

Dejo mi cuerpo caer sobre la cama en un exagerado desfallecimiento, se acerca a mi boca regalándome un largo beso.
- Gracias.
Descansa su cabeza sobre mi pecho, mis dedos de enredan en su pelo, el silencio invade todo el hueco que no llenan los pensamientos.
Se que ambos estamos recapacitando, asimilando lo que acabamos de vivir, si es que un momento tan largamente esperado se puede asimilar en unos minutos.
Levanta la cabeza.
- ¿Puedo ama?
Dice sin más.
Yo se qué desea, no necesito que diga mas, y si, se lo ha ganado.
- Si
Contesto escueta.
Ansioso coloca la cabeza sobre mi cabera derecha y comienza a hundir suavemente sus dedos en mi sexo, acariciándolo y adorándolo como tantas veces había deseado.
Como si ese gesto le devolviera a la vida, al tiempo que me acaricia comienza a hablar sin parar. Entonces, de manera inconsciente pero muy real, a través de sus palabras empieza a entregarme esa parte de su alma que, diga lo que diga, había permanecido guardada entre candados hasta entonces.
Se lo había dicho, no tengo prisa, serás mío, y en ese momento, en ese preciso instante, lo estaba siendo.

martes, 22 de enero de 2013

UN DURO DIA DE TRABAJO.- Por Utópica


La jornada estaba siendo larga y complicada. Había que presentar  la nueva colección y llevaba todo el día peleándome con medio mundo para que tuvieran todo listo. Mi jefe estaba más nervioso que nunca y me hacía llamar a unos y a otros para asegurarme que todo marchaba conforme lo previsto.
No estaba de humor y, ya casi cuando terminaba la jornada de trabajo, entré a su despacho muy seria. Era mi manera de hacerle pagar a ese cabrón el estrés al que me tenía sometida los últimos días.
Dejé los papeles sobre su mesa sin esperar a que terminara la llamada de teléfono y me di media vuelta.
- Sandra- me volví. Con gesto serio y, autoritario, me dijo- hoy te necesitaré más tarde.
Ni una palabra más, el  volvió a su llamada y yo salí del despacho igual de seria que había entrado pero, al salir, mi gesto se transformó en una sonrisa pícara.
La gente comenzó a marcharse y algunos me preguntaron si no me iba.
- No, está haciendo unas llamadas y quiere solucionar no se qué!!!! Les contestaba con mal humor.
Cuando estábamos solos en el edificio, entré en el despacho, con mi cuaderno, como siempre.
- ¿Qué más necesita?
Sabía que el cuaderno no sería necesario.
- Desnúdate.
Le miré, sonriente, y comencé a desnudarme despacio, como sabía que le gustaba.
- Hoy quiero que te quites la ropa deprisa.
Le miré sorprendida. Sabía que le gustaba jugar y era la primera vez que me pedía que lo hiciera rápido.
Se recostó en su sillón, observándome.
A pesar de su orden de hacerlo rápido, no pude dejar de hacerlo con movimientos morbosos.
Cuando estuve desnuda, me quedé quieta, frente a él, esperando un gesto, una palabra... Me incomodaba estar así, y él lo sabía.
Se levantó despacio, tapo mis ojos con una venda, y me hizo permanecer quieta un tiempo que me pareció interminable.
Le sentí a mi espalda y, por el ruido, llevaba algo en la mano.
Escuché el ruido de la seda y pronto la sentí sobre mi piel. Escuché como me olía mientras, suavemente, me colocaba una camisa. Abrochó los botones de abajo y acarició mi pecho, dejándolo al descubierto.


















Se agacho frente a mí y ayudándome, me hizo colocarme una falda.
Volvió a ponerse a la altura de mi boca y, solo entonces, comenzó a besarme mientras sus manos acariciaban las suaves telas sobre mi cuerpo.
Dejó sus fuertes manos colocadas en la línea que separa mis nalgas de mis piernas, apretando en la medida de la intensidad de los besos.
Se separó unos pasos y con dos dedos empezó a recorrerme desde la garganta hasta el ombligo.
Sentía erizarse mi piel a su contacto, intenté alargar los brazos para tocarle, pero no me lo permitió.
Seguí quieta, con las manos sobre los costados de mi cuerpo, esperando su contacto, sus caricias: ansiosa por estar entre sus brazos, por sentir como mi deseo se veía recompensado, pero hoy parecía no desear más que observarme, disfrutar de mi.
Sus dedos iban y venían y mi deseo aumentaba al ritmo de los centímetros de mi cuerpo recorridos.
 Se agacho frente a mí, elevó mi falda, y, al calor que desprendía mi sexo, comenzó a unirse el desprendido por su respiración, con su boca casi pegada a mi cuerpo. Podía sentir como me acariciaba con el halo que desprendía su boca.  Me hacía estremecer cada vez que le sentía cerca, me hacía suspirar cada vez que esperaba su contacto para luego sentir como ese calor se alejaba de nuevo de mi cuerpo. Mi piel le deseaba, yo le deseaba. Subió, despacio, de nuevo a mi boca, escondió sus dedos entre los labios de mi sexo, me besó apasionado.
- Así es como quiero tenerte siempre.
Volvió a bajar, recorriendo con su lengua mi cuerpo, para interrumpir su recorrido en aquellas partes  cubiertas por la ropa. De nuevo elevó mi falda y esta vez sin espera, introdujo su lengua entre mis labios, agarrándose a mi culo.
Bebió de mí ser, apasionado;  deleitándose en el momento, amándome con la mayor de las pasiones.
No buscaba mi orgasmo, diría que ni siquiera mi placer, buscaba disfrutar de mí, sentirme.
Le conocía y sabía que era su manera de pedir perdón, y yo… yo le perdonaba entregándome de la más pasional de las maneras posibles.
Agarró mi mano y me guió hasta su sillón. Me sentó sobre sus piernas, de frente a el, y nuevamente me beso, arrimándome a su cuerpo. Comencé a notar la humedad de su polla acariciando casualmente mi coñito. Estaba deseando follarme, lo sabía, pero también deseaba darme todo el placer posible. Hacia bailar mis nalgas sobre sus piernas, sentía su virilidad pegada a mí. Acariciaba mis pechos, los besaba, los lamía. Necesitaba acariciarle, pero no sabía si me lo permitiría. Justo en ese momento, agarro mi mano y la llevo hacia su sexo.
Ufff, al sentir esa humedad en mis manos, de repente, desee comerle y así se lo pedí.
- Déjame que te coma.
Me guió a arrodillarme frente a el. Quise quitarme la venda, pero no me lo permitió.
- Hazlo así.
Necesité llevar ambas manos sobre su sexo para guiarme; le acaricié, fui arrimándome poco a poco a ella, como una gatita salvaje, sintiendo el calor en mi cara en la corta distancia que nos separaba. Mi lengua comenzó a posarse en ella, despacio, recorriéndola. Con deseo pero sin ansia. La recorrí de arriba a abajo, de abajo a arriba, la acaricie con mis manos, con mi lengua... sentí su calor, sentí su deseo. Sentía como iba creciendo un poco más en mis manos y desee sentirla crecer en mi boca. Quería sentirme llena de él, y mi boca sería lo primero.
La introduje hasta el fondo, la acaricie como pude con mi lengua, volví a sacarla y recorrí el capullo. Pocas veces había deseado de manera tan calmada pero tan profunda una polla y estaba tan centrada en ella que no era consciente de que me estaba observando. Era como si solo estuviéramos su polla y yo. Nada era capaz de distraer mi atención de aquel miembro caliente y erecto.
Me levanté como pude y me senté sobre él, arrimando mi sexo al suyo, abrazándole y buscando su boca en la oscuridad, pero solo lo conseguí cuando él lo deseo. Agarro mi cara con ambas manos y unimos nuestras bocas en un excitante beso.
Sus manos fueron a mi culo y me arrimó a él, penetrándome sin aviso previo, presionó mis nalgas  para no permitirme ningún movimiento. Me abrazó fuerte, uniendo nuestros cuerpos, y me susurro al oído.
- Me encanta estar dentro de ti.
Poco a poco fue guiando mis caderas en movimientos pausados sobre su cuerpo mientras lamía mis pechos. Me quitó la venda, supongo que deseoso de que viera su cara de placer mientras me comía.
Cuando pude recuperar la visión, le vi sobre mi pecho, mirándome a los ojos, con la lengua fuera, retador, amenazante, como si esa lengua fuera una poderosa arma... y así era, solo con esa lengua, esa boca en mi pecho era capaz de producirme sensaciones imposible de explicar, hasta provocarme orgasmo tras orgasmo. Lo sabía, y esa mirada saco de mi una amplia sonrisa pícara que se siguió con un movimiento de mis manos a su cabeza, para hundirle en mi pecho.
Los movimientos de mi pelvis empezaron a acelerarse y su mirada se clavo en la mía sin que su boca se apartara de mis pechos. Comenzó a azotar suavemente mi culo al ritmo de las penetraciones aunque pronto comencé a acelerarlos por la excitación, no podía más, y lo sabía. Por eso, sus labios comenzaron a trabajarse más mis pechos y su mirada se encendía en cada movimiento. Jadeaba, gritaba, y no dejaba de de moverme de manera convulsiva sobre el, le ofrecía mis pechos, me clavaba en su sexo, volví a gritar y sus manos fueron de nuevo a mi culo, aprontándome contra el para sentir la humedad que manaba de mi cuerpo.
Me abrazó y no supe si el mayor placer me había llegado por el tremendo orgasmo o por sentirle tan unida a mí.
Me levanté despacio, mirándole provocadora, y me apoyé en la mesa ofreciéndole mi culo. Sonriendo, te levantaste y comenzaste a penetrarme con fuerza. Sabía que estabas muy caliente, y solo el control que te daba esa postura sobre mi cuerpo conseguiría saciarte. Agarraste la primera prenda que encontraste y la colocaste bajo mi cuerpo, a la altura de mi ombligo, agarrando por los lados para ayudarte a embestirme con la fuerza que necesitaba tu excitación.
La penetración era tan profunda que llegabas a hacerme daño, pero solo deseaba más, solo quería compensarte, no solo por el orgasmo que acababa de tener, si no por todos y cada uno de los momentos de excitación que me regalabas.
Acababa de correrme pero no podía parar de jadear, sus gritos me excitaban tanto como sus movimientos, estaba a punto de correrse, lo sentía. Salió de mi y llevo su mano a su polla. Apenas tres movimientos y sentí como el calor de su lefa acariciaba mis nalgas. Volví la cara y sonreí, sabía que sentir ese calor sobre mi cuerpo era un placer añadido, por eso, siempre intentaba hacerme ese regalo.
Para terminar, recorrió con su lengua mi columna, parándose solo cuando llegó a donde estaba depositado su regalo.
- Vístete, te invito a cenar.
Me dijo con un beso, y supe que la noche no había hecho más que empezar.

miércoles, 9 de enero de 2013

LA NOCHE PROMETÍA.- Sexysara, Asturiano42, Utópica

La noche prometía, Sexysara, Asturiano42 y yo, la compañía ya hacía que la noche mereciera la pena.
La primera conversación que recuerdo era de arte. No de arte en general, si no del arte que teníamos cada uno. 
Recuerdo haber hablado que lo que me hacía atreverme a mostrar mis escritos no era mi capacidad, si no que, al reconocer que no soy escritora, a una de la quitan los complejos.
Sexy empezó a hablar del atrevimiento de pintar, comparándolo, y yo la conteste que no era mi caso, eso sería un sacrilegio, igual que el cantar, si venía de mi.
- Entonces tenemos que hacernos un karaoke tú y yo.
- Noooo, en eso no me pilláis, yo te bailo lo que haga falta pero nada más, que me gusta conocer por lo menos el terreno en el que juego, y en ese, no sé ni jugar.
- Bueno yo imaginaba más un karaoke tipo Bridget Jones, con una botella de alcohol, en el suelo de una habitación, a grito pelao jajajaja.
- Vale pero las dos solas ehhhhh, no quiero testigos de eso.
- La música la pongo yo- dijo Astur, que como buen zorro observaba más que hablaba.
- Hecho- contesto Sara divertida
- Y si necesitáis unos cacahuetes os bajo al chino si es necesario. 
Las risas empezaban a sucederse y el alcohol, aunque moderado, comenzaba a relajar los sentidos.
- Había dicho que sin testigos.
- Yo me tapo los ojos, o mejor dicho, los oídos.
- Astur, no me des ideas.
- Te las doy, te las doy
Tras unas risas, voy camino de la cocina, a por más hielo y cuando vuelvo, les veo muy juntos, probablemente haciéndose una confidencia.
- Chicosssssssssssss.
- ¿Que?- contestan casi asustados con mi grito.
- Pensé que os habíais liado entre vosotros ¡joder!, que susto.
- ¡Qué va!, Sexy es demasiado sexy para mí.
- Me parecía raro pero....- de repente soy consciente del comentario de Astur- venga Astur.
- Eres un pelotari jajajaj- le dijo Sexy.
- No te subestimes.
- Tengo que probar todas las opciones, hasta que Sexy me dé un mamporro.
- Pues como sigas así no va a tardar mucho.
- Cacahuetes, música, alcohol, ¿qué más añadiríais?
- Sexo, - conteste divertida- ehhhhh, no, que estamos solas, y yo no soy bi, lo retiro.
- Que pena Uto.
- Solo un poco Sexy pero si no tengo un tío en medio.....
- Sexy mucho eso seguro- dijo Sexy usando su nombre para hacerme una broma.
- Tú te puedes apoyar en ella mientras ella se apoya en mí y por la propiedad transitiva.
- Al final te has colado en nuestra fiesta, Astur.
- Yo me apoyo en Sexy,  jaja.
- Espero que no me hayas escuchado cantar.
- Que yo soy de sonrojo fácil- interrumpe Sexy
- Más me sonrojo yo debajo Sexy, me estáis dando un calor....
No sé si fueron mis palabras las que nos hicieron darnos cuenta de que realmente estábamos empezando a sentir calor, pero de repente se hizo un silencio que se vio interrumpido por una reflexión de Sexy.
- Yo siento cosas distintas, con chicas no tengo gran experiencia.
- ¿Que sientes sexy?
- Pues cuando me excito con un hombre siento la excitación concentrada en la vagina y alrededores jejejeje.
- ¿Y con una mujer?
- Cuando me excito con una mujer siento el calor en la garganta, en el pecho que me oprime, es un deseo distinto.
- Así me gusta, todo al centro de masas.
- Imagino porque la parte masculina la domino, y la femenina no, pero mezclarlo todo debe ser volverse loca.
- Pues déjate dominar por la parte femenina- digo sin pensarlo  mucho pero acercándome peligrosamente a sus labios.
Antes de darnos cuenta, la secuencia de fantasías que hemos comentado se suceden ante nuestros piso casi sin ser contiendes de ellas.
Pero el caso es que Sexy esta sobre mi y Astur a su espalda.
Siento las embestidas de Astur sobre Sexy y su pecho roza el mío con el movimiento.
- Ese rozamiento no puede pasarte desapercibido ahí abajo.
- Al contrario.
Quité la mano de Astur de la cadera de Sexy para llevarla a mi sexo.
- Mira, estoy empapada.
Ni siquiera necesitas abrir los labios para notarlo, han dejado su posición natural, para dejar un hueco tenue, por el cual Astur se adentró sin excesivas complicaciones.
Ver el rostro de Sexy hace que me ponga más cachonda.

Su cara está desencajada, sus ojos se ponen en blanco de cuando en cuando, y cada vez se acerca de manera más peligrosa a mí, mirándome con cara de deseo.
Una sonrisa le sirve de señal a Astur para follarla más fuerte.
Se crece dentro de ella cuando siente el ardor y el deseo que emana.
Sexy se tira a mi boca, no para besarme, si no para comerme apasionada, entregada ya completamente a su deseo y a su parte mas bi.
Me elevo poco a poco en la cama para dejar mis pezones a la altura de sus labios, pronto están húmedos y duros y no puedo evitar elevar mis caderas buscando un contacto de mi sexo con Sexy.
Astur no deja de observarnos, denotando la ansiedad de ambas por tocarnos, y eso le pasa factura y lo canaliza en una mayor transmisión de energía.
- Que alguien me coloque las gafas.
Dice Sexy, quizás nerviosa.
El esfuerzo en la celeridad del movimiento permite que las gafas nunca queden en su posición original y eso enorgullece y enloquece más a Astur.
Sexy vuelve a subir hacia mi boca y, de nuevo me besa con pasión a lo que Astur responde con fuertes embestidas y, colando sus dedos bajo el cuerpo de Sexy y sin previo aviso, me penetra con ellos.
Sexy aprisiona mis manos sobre mi cabeza, inmovilizándome bajo su cuerpo para bajar despacio por mi costado.
El placer que transmitimos es volátil y llega a Astur que se une a nuestro beso. Apasionado, entra con su lengua allí donde todo se empieza q cocer mientras acaricia mis brazos. Un beso a tres mmmm, un tetraedro de fuego atraviesa nuestras lenguas. Las caricias no han cesado.
- ¡¡¡¡¡Que alguien me pare!!!!-grita Sexy
- Noooooo. -Contesto...
- ¡Que me frenen!
A hurtadillas Astur le come el culete a Sexy.

A estas alturas, aquello se empezaba a convertir en una locura difícil de describir, a si que, pasemos a modo diálogo.
Sexy: ¡necesito apartar mis manos de vosotros!
Utópica: húndelas.
Sexy: mantenerlas lejos.
Astur: no me da la gana, no pienso hacer semejante cosa.
Mientras nosotras seguimos con nuestra retórica, Astur no para de tocarnos.
Utópica: ¿Que quieres sexy?, queremos que tomes la iniciativa, vamos a parar y serás tú la que siga.
Astur: me obstinaré para que recibas una lanza de deseo por las dos partes.
Sexy: si te sigo tocando voy a correrme, soy así de facilona.
Utópica: mmmmm.
Sexy: prefiero sufrir un poco más.
Utópica: Astur, sigue que voy a poner mi boca bajo el sexo de Sexy, quiero beberla.
Astur: hazla que rezuma como un manantial. 
Sexy: sería perfecto tener mis manos quietas detrás de mí.
Astur: no puedes sexy.
Sexy: retorciéndose en deseo de poder tocarte el pelo morena.
Utópica: ya no hay marcha atrás.
Astur chupa un pezón de sexy al tiempo que juega con los dedos de su otra mano con el otro.
Sexy: ¿es que nadie va a atármelas?
Utópica: no sexy.
Me acerco a su oído, susurrando: tócame me muero de deseo.
- Mmmm  que bien hueles.
No resiste ese susurro, Sexy empieza a descontrolarse y Astur la posee  con más firmeza.
Utópica: no pienso atarte ahora, otro día te ato, pero hoy no, hoy quiero sentir tu descontrol- Digo sin apartarme de su oreja, respirando fuerte.
Sexy: tu pelo.
Astur: que el deseo le llegue por todos lados, por la garganta como decías antes, por tu vagina inflamada.
Utópica: por ambos lados astur
Astur: tu cuello.
Utópica: el tuyo y el mío, volviéndola loca de placer
Sexy: aaaaaah...mmm por fin -dice cuando consigue llegar con sus manos a mi pecho, mientras, mis manos van a su culo y lo abren para que Astur entre mejor. Le miro con cara pícara.
Sexy recorre la línea que hay desde mi nuca hasta el final de mi espalda mientras Astur la folla como loco, como poseído por el diablo, poniendo toda su alma en el esfuerzo, le beso hundiendo la cabeza de Sexy en mi cuello.
Sexy busca a Astur, moviendo su culito y nuestros coñitos se juntan con el movimiento. Busca sus besos, moviendo la cabeza cual niña del exorcista, pero, ya se sabe, solo la excitación hace que se consigan cosas que, de otra manera, serían imposibles. Hecha su mano hacia atrás, para agradecerle tanto placer. Astur responde agarrando su cabeza para adentrarse más profundamente en ella, empujando y obligándola, disfrutando del esfuerzo que hace Sexy por cubrirle enterito.
- Uto, ayúdala
- No necesita ayuda, está tan cachonda que puede con los dos, parece un pulpo.  Es ella la que no nos da respiro Astur, ha perdido la timidez, su fuerza se ha multiplicado, como la de Hulk, esta mujer es increíble¡¡¡¡¡¡¡
- Cuando le venga de golpe el orgasmo, que se muerda los labios y consiga ese tiempo de retardo, para que vuelva a generar un orgasmo amplificado.
- Me destrozará la boca Astur, que me está besando.
- Bésala sin estupor.
- Estoy deseando sentir su orgasmo en mi boca.
Hablamos como si Sexy no estuviera, sabiendo que nuestros comentarios la están poniendo más cachonda y que la situación que está viviendo la vuelve incapaz de comentar.
- Me encantará sentir sus dientes mordiéndome Sexy, quiero que te corras.
- Si tuviese palabras, hablaría- dice entre jadeos.
- Di las obscenidades que le vengan a la mente -interviene Astur- quiero que lo acompañes con tus palabras.
- Necesito tu orgasmo, preciosa.
- Pero solo siento calor, llegan a mi sonidos, y colores, negro, rojo, rojo, blanco….
- Y fuego Sexy, el fuego de mi mirada.
Bajas la mirada, como avergonzada, pero te da igual, levanto tu cabeza y te miro a los ojos.
- Dime Sexy, dime como te sientes.
Siente mi mirada clavada en ella, aunque cierre de cuando en cuando los ojos.
- Puf, estoy a punto.
Muerde su labio, muerde el mío.
- Córrete zorrita, quiero que empapes mi sexo de cómo se pone el tuyo, quiero sentirlo gotear sobre el mío.
- Siente el amasijo de manos que tocan- consigue decir Astur.
Los jadeos de sexy se multiplican, y me mantiene la mirada, retadora, me come la boca, hasta hacerme daño, Astur sigue embistiendo como si la vida le fuera en ello.
- Que confluya ahora todo a la vez, córrete como una perra.
- Dios- elevo mis caderas para unir nuestros sexos, para sentir tu humedad en el mío, para sentir las embestidas de Astur.
Sexy no puede evitar dejarse llevar, gime de una manera muy característica. Vuelvo a su oído.
- Me gusta sentirte caliente como una perra, estas empapada.
Astur piensa que necesita correrse, elevar su polla sobre nosotras y dejar su miel sobre nuestras cabezas.
- Mucho, mmmm
- No te avergüences, expresa con tu cuerpo todo lo que sientes –vuelve a intervenir Astur.
Jadea, respira, baila bajo la polla de Astur, me besa, me muerde, lleva su mano al culo de Astur, apretándolo contra ella, sigue gritando, me mira a los ojos, se apoya en mis hombros, vuelve a gritar, su cuerpo se relaja sobre el mío, muerde mis labios de nuevo.
- Me ha encantado que te corrieras encima de mi –Agarro su mano, la pongo sobre mi sexo y la guio para que me acaricie.
- Que caliente nena, que suave eres.
- Vuelvo a subir tu mano, empapada y la lamo, mirándola lasciva.
- Me encanta el sabor de nuestros sexos juntos, pero tenemos a un caballero que no ha terminado, acabemos con él.

Sonrío a Sexy.
- ¿En qué piensas?
Nos volteamos, mirándole con cara de malas, y, andando a cuatro patas sobre la cama cual gatitas hambrientas nos dirigimos a el contoneándonos coquetas y empezamos a acariciarle. Sin darle tiempo a pensar agarro su sexo, y lo meto dentro de la boca susurrándola al oído.
- Empieza tu, así saborearás tu propio sexo.
Mientras, yo le acaricio los testículos y saco mi lengua mirándole mientras recorro su muslo, acercándome peligrosamente a su sexo, y a la lengua de Sexy, mmm, estoy deseando sentirla de nuevo y lo hago sobre el cuerpo de Astur, que empieza a jadear. Ufff, verle así con la cabeza volteada hacia atrás, imaginando sus ojos en blanco, me pone a mil, y agarro la cabeza de Sexy y la hundo en su sexo mientras yo no dejo de acariciar y meter la lengua entre ellos. Un placer inusitado recorre el cuerpo de Astur.
- Fóllame sexy.
- ¿Con mi boca o puedo subirme al caballo?
- Sexy no preguntes ¿que deseas?
- Fóllame como una potra salvaje, me da igual con tu boca que con tu coño ardiendo.
Antes de que Astur termine de hablar, Sexy le está cabalgando.
Yo me aparto, a una esquina de la cama observando como Sexy dibuja con sus caderas trazos que no siguen ningún patrón. Me gusta ver como se descontrola, como se entrega a la pasión. De manera autoritaria, cierra las piernas de Astur con sus pies; Astur aplasta sus dedos en su culo, para que el rozamiento se haga más intenso, Sexy le cierra con las rodillas.
- Quieto – grita autoritaria Sexy- ni te muevas - para subir y bajar lento sobre su polla y, en cuclillas, centrarse en el glande.
Me acerco despacio al oído de Astur.
- ¿Estás cachondo eh cabrón?
- Esta perra sabe lo que se hace
- Es que esta zorrita sabe bien cómo moverse, déjate llevar tu también.
Arriba y abajo, deprisa, deja caer su peso sobre sus ingles, yo acaricio el pecho de Astur mientras voy de una mirada a otra. Los testículos de Astur rozan el ano de Sexy, eso la gusta.
- Sigue, no se te ocurra dejar de hacerlo – consigue decir Astur entre jadeos.
Vuelve al movimiento de caderas que ahora si tienen forma. Su baile favorito.
- Mis huevos están llenos por ambas, no puedo más.
- Pero los descargaras sobre Sexy, Astur.
- No puedo dejar de mirarte nena, estas para comerte de nuevo.
- Ni yo  ti, me excita veros, me encanta verte a mil, mirándote mientras te follas a este cabrón.
Sube hasta dejar su vagina a un centímetro del glande, las venas de astur están que estallan, y Sexy se acaricia el clítoris sin dejar de mirarme, deseosa de echar sus manos hacia mí, pero se tumba sobre su pecho y lo mira, entrando poco a poco. Astur nota una presión desde el cuello hasta los huevos. Ver el culito de Sexy así, en pompa sobre Astur, hace que desee haberme llevado el arnés. Me encantaría entrar poco a poco en su culito, mientras acaricio sus tetas por detrás. Sexy sigue a su ritmo, haciendo que Astur entre poco a poco en ella, Astur está empezando a desesperarse, la suplica que baje, Sexy se para, retrocediendo sobre su cuerpo se la mete en la boca otra vez, mirándome directamente a los ojos.
Astur está desesperado, necesita sentir de nuevo a Sexy cabalgar, la agarra de la cabeza y la hace volver a subir sobre su cuerpo, Sexy vuelve a cabalgarle mirándome con cara de niña buena que acaba de perder su piruleta, Astur no aguantará mucho más. Le beso. También quiero sentir su orgasmo en mi boca cuando llegue el momento. Sus manos buscan el ano de Sexy y lo penetran, haciendo que los movimientos sean enloquecedores-
- Dios que perra estoy, te va a destrozar cabrón.
Sexy acaricia los pezones a Astur, cabalgándole a un ritmo desenfrenado mientras busca mi sexo, que lo acerco. Cuanto más entra su dedo mas enloquecedores son sus movimientos y más me busca.
- Arráncamela si es necesario dentro de tu coño ferviente.
Astur no puede ni tocarnos, agarra fuerte tus caderas, parece tener miedo de soltarlas, como si de esa manera Sexy se fuera a escapar.
- Quiero saborear tu coño.- dice Sexy mirándome a los ojos.
- Ahora no toca, haz de Astur se corra y te lo daré todo.
Lo sabe, pero lo tiene en su mente, con su polla, sus dedos… Me retiro un poco y me acaricio mirándola a los ojos, para, si cabe, que se folle a Astur con más fuerza, viendo el caramelito que te espera al terminar.
- Sigue follándole, nena, sigue cabalgándole.
Sexy cambia de ritmo y la excitación la resulta casi insoportable.
Utópica: Nena reviéntale.
Astur: Cabrona hazlo.
Sexy nota fuego en las rodillas del roce, pero no puede parar, no quiere parar.
Utópica: Córrete cabrón.
Sexy: Llénamelo de leche.
Utópica: Córrete y dame esa pasión a través tu boca.
Sexy: LLÉNAMELO de lecheeeeeeee.
Astur: bufff
El “pobre” Astur no puede ni hablar, y yo vuelvo a su oído: Córrete que me tenéis que comer el coñito entre los dos.
Preso de una locura de lo más excitante, agarra con más fuerza las caderas de Sexy, haciendo que cabalgue hasta el límite de sus fuerzas, para gritar y parar el movimiento, presionando a Sexy sobre su cuerpo. Parece querer atravesarla. Sexy emite un gritito que me demuestra que Astur la ha hecho sentir llena, plena, y se derrumba sobre el cuerpo del más que agotado Astur.
- Así me gusta Astur.
- Me habéis dejado Knock-out.
- Eso es que te has corrido -las piernas te tiemblan.
Sus ojos están en blanco, sus manos se relajan estirados junto a tu cuerpo, su mirada está perdida, pero la gatita parece no tener suficiente. Le descabalga, acaricia la polla, aún dura y así seguirá estando durante mucho rato, el olor de Sexy le mantendrá excitado, su cerebro no entiende de necesidades fisiológicas. Sin darle un respiro, agarra su mano y andando a cuatro patas sobre la cama vienen hacia mí.
- Ahora te toca a ti zorrita, me dice......
Va recorriendo mi cuerpo con los ojos desde los pies camino ambos de mi coñito y se ponen ambos a comerme, peleándose por meter sus dedos dentro de mí.
- Chicos, hay para los dos, dos para cada uno, me tenéis tan cachonda que seguro que no os costará- os digo mientras me recuesto cómodamente sobre la almohada y abandonándome a vosotros.
- No para la gatita- dice Astur mirando a Sexy.
- Miel para los labios- contesta ella, pícara, retirando por unos segundos su boquita de mi coño- seda para los dedos- vuelve a comentar mirándome lasciva.
- Vamos a hacer que esta perra se corra, Sexy.
Como respuesta, agarro a Astur por la cabeza y le llevo a que me coma las tetas, cosa que me pone más perra aún; vuelve a bajar a mi coñito, con su lengua como una espada. Las miradas y los gestos de Sexy, verla tan perra, me excitan tanto o más que los movimientos de Astur con su lengua. Moja los dedos en su coño y viene al mío, roza mi ano, mis labios, besa mi clítoris. Agarro su cabeza y la hundo entre mis piernas.
- Me muero por correrme en vuestras bocas.
- Que se coma sus palabras. Ábrele el coño con tu lengua gatita.
Sexy me junta las rodillas, las dobla hacia arriba y empieza a lamer, no puede alcanzar mi clítoris, pero lo intenta, mantiene firmes sus manos y su lengua.
- Me voy a correr.
 Astur me come el culo, me lo muerde.  Sexy abre por fin mis piernas y entre ambos podéis alcanzar cada rincón y mientras Sexy me come el coño, Astur:
Te reventaré el culo- no sé si eso era una advertencia, porque llega al tiempo que la acción y hace que me muerda la boca casi hasta sangrar.
- Fóllame Astur.
- Aquí estaremos hasta que dejes de jadear y te pongas a gritar sin aspavientos. Sexy mantén la lengua firme, atraviésala que yo hago lo propio con su culo.
- Fóllame Astur, fóllame Sexy- Agarro su cabeza y la hundo aún más en mi sexo, quiero que me bebas mientras hacéis que me corra como una perra.
Sexy intenta conocer cada centímetro, cada milímetro de mi entrepierna sumergiendo su lengua. Agarro más fuerte su cabeza, la tiro del pelo, comienzo a gritar.
Si, si, siiiiiiiiiiiiiiiiiii-  casi la ahogo presionándola contra mi coño, nota en su boca las palpitaciones de mi sexo, la humedad y el calor que desprende.
Astur, al escucharme gritar, se corre dentro de mi culo de nuevo. Cruzamos las miradas y los tres caemos, desfallecidos, sobre la cama.

P.D.:
Este relato me ha costado mucho, precisamente porque ya estaba escrito.
Es el resultado de una de tantas conversaciones del “chat del amor” y he intentado hilar cada una de las frases que los tres protagonistas escribimos. Es, por tanto un relato de autoría compartida entre Asturiano-42, SexySara y  yo misma. Esperamos que os guste.