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miércoles, 9 de noviembre de 2011

EL PODER DE LOS SUSURROS

Lo percibí desde un primer momento, no supe si era deseo, curiosidad, admiración... pero enseguida me di cuenta de que observaba mis movimientos.
Tras bromas, risas, copas, persecuciones, bombones y hasta besos, a los dos días de nuestro primer encuentro, en una reunión de amigos, se propuso un juego; las cuerdas se convirtieron en protagonistas y nos llevaron a chocolate, lametones y más risas, hasta que se ofreció voluntaria para continuarlo.
Cuando apareció con solo un tanga, su cuerpo bien formado y deseable capto la atención de ellos, y quizás también de ellas.
A mí me ganó con su gesto pícaro, su mirada casi retadora, su boca sensual mordiendo su labio inferior y una personalidad de una sexualidad increíble.
Nos miramos a los ojos por última vez en mucho rato, solo la dije: “confía en mí, déjate llevar”
La vende los ojos, pase una cuerda de suave algodón a través de su cuello, y, sin querer roce con mi brazo su pezón. Al instante se endureció y sus labios de entreabrieron dejando escapar una profunda respiración que solo yo escuche.
A partir de ese momento, cada nudo, cada pasada de las cuerdas sobre su cuerpo llevaba un roce de nuestros cuerpos y eso la erizaba la piel.
Mis movimientos eran calmados, lentos, quería que disfrutáramos de cada instante, alargar el juego todo lo posible. El excesivo público para lo que estaba ocurriendo empezó a enmudecer, algunos pedían silencio para que nada interrumpiera la concentración de aquellas dos mujeres, o quizás eran sus percepciones las que no querían que se vieran obstaculizadas por nada.
Una de las espectadoras susurro a su vecino de sillón: “no mires su cuerpo como un objeto de deseo, míralo para percibir lo que esta sintiendo, nota su excitación”
Era verdad, cada rincón del cuerpo de aquella mujer reflejaba lo que estaba viviendo, temblaba, parecía que de puro deseo, pero con un susurro quise asegurarme de que todo estaba bien.
Mordía sus labios, quizás intentando disimular sus suspiros, que, de cuando en cuando se tornaban en pequeños jadeos.
Apretaba sus manos clavando sus uñas; buscaba mi voz, ladeaba la cabeza esperando un nuevo susurro.

Cuando su traje de cuerdas estuvo terminado, y sus manos estuvieron inmovilizadas, coloque un vibrador sobre sus nalgas; sabía lo que estaba sintiendo. Los nudos sobre su clítoris vibraban como si tuviera ahí el consolador, una fusta de juguete empezó a recorrer su cuerpo en caricias y el respondía dibujando su contacto en forma de piel erizada. Sus suspiros se hacían mas evidentes; cada vez que tiraba de las cuerdas y los nudos se clavaban en su sexo salía de su boca un jadeo, cada vez que la fusta acariciaba su cuerpo se escuchaba un suspiro.
Alguien cogió la fusta y empezó a darla pequeños azotitos en sus nalgas, otra persona alzo la voz y comenzó a introducir nuevos jugadores en nuestro juego. Me retire, no era esa mi idea. Comencé a observar en la distancia y vi como su cuerpo perdía la rigidez, como su piel dejo de estar erizada. Yo era la única conductora de su deseo, la había pedido que confiará en mi y mi ausencia la volvió a la realidad de una estancia llena de gente de la que creo había sido capaz de olvidarse. Volví junto a ella, de nuevo la roce, de nuevo la hable al oído. Volvimos a taparla los ojos y volvió a sentir como nunca.
Ya no eran solo mis manos las que acariciaban su cuerpo y, sin embargo, era capaz de distinguirías entre todas. El juego volvió a convertirse en pura sutileza y morbo, las manos apenas la rozaban la espalda y una lengua recorría sus ingles sin más interés que ayudarme a llevarla al éxtasis.
Mis susurros volvieron a meterle en nuestro juego y eran su piel y sus pequeños jadeos lo que mostró a los allí presentes que así era.
Todos eran meros espectadores; hasta las manos que la tocaban. Solo ella, y yo como conductora de su excitación y sus deseos.
Los jadeos empezaron a ser más fuertes, las cuerdas sobre su sexo se tensaban cada vez mas, su clítoris era invadido de manera mas fuerte y constante por las cuerdas vibrando, la voz en su oído la pedía más, más jadeos, mas sentir, más sensualidad... A estas alturas la reclamaba un orgasmo, ella lo necesitaba y yo quería saber si tenía ese poder.
Su respiración agitada, casi gritos de placer, ella y yo, quizás mas manos, quizás mas gente, pero solas ella y yo.
El orgasmo llegaba, los espectadores enmudecieron, solo se escuchaba su sexualidad en pleno apogeo, solo se veía como sentía su cuerpo, solo mis susurros la guiaban, ya llega, "quiero que te corras, quiero que me regales tu orgasmo" alguien alzo la voz y se rompió la magia. Supe que no seria capaz de volver a llevarla donde había estado, al borde del orgasmo, pero se quedo tan próximo que muchos de los presentes pensaron que había ocurrido, otra vez será, te lo prometo.
Unas palabras salieron de su boca: “no tendrás Madrid para esconderte”La conteste: “No me esconderé, solo tienes que buscarme para encontrarme y me veras preparada con una cuerda”

Creo que pocas veces los allí presentes hemos visto a una persona tan entregada a sentir como lo estaba ella, pocas veces  hemos sido capaces de sentir a través de los demás como ese día.
Nunca antes habíamos visto tan claramente las reacciones de un cuerpo ante el deseo.
Yo nunca antes había sentido tanto poder sobre un cuerpo y sobre el deseo de otra persona y he de confesar que me dio miedo.
Vimos sentir como nunca y eso solo hemos de agradecérselo a una persona libre de prejuicios, entregada a sentir, a vivir y a regalar a los demás como ella.
GRACIAS, me regalaste una de las experiencias mas excitantes y morbosas de mi vida y, lo mejor de ello, es que no había nada puramente sexual en el momento.
Gracias, gracias, gracias... Nunca me cansare de dártelas
Besos






P.D.: Magda, la protagonista de esta historia, considera que ella solo fue el material que Elia y Rachel como fotógrafas y yo como “maestra de ceremonias” utilizamos para expresar las sensaciones.
Querida Magda, hasta el mejor escultor, es un incapaz de crear su obra sin una buena madera que tallar, y no te olvides nunca que nosotras tres somos simples aprendices que esculpimos torpemente, eso sí, sobre el mejor material.

P.D: Las fotos son reales, Gracias, Elia, Rachel por saber plasmar tan bien ese mágico momento